Para entender a Juan María debemos contextualizar su mensaje. Para empezar, no está clara la redacción las" penas de este mundo", son finitas o infinitas?
Bueno, el problema no es la duración sino la gravedad, el origen y la posibilidad de superarlas...
En el Evangelio de este domingo se nos presentó a Jesús que llora amargamente por la muerte de su amigo Lázaro... Y Jesús no era un comediante, su dolor era real así como fueron reales los azotes, la corona de espinas y los clavos en la cruz.
Jesús sufre inmediatamente e inmensamente... Pero ese dolor lo lleva a la muerte y a la Resurrección. En el caso de Lázaro, la resurrección es inmediata y llena de alegría en VIDA a sus hermanas y al mismo Jesús.
Es evidente que para hablar de sufrimiento es necesario entender que Jesús sufrió con y por nosotros y gracias al poder del Padre y el Espíritu RESUCITÓ para darnos una VIDA NUEVA, por lo cual, ningún sufrimiento queda sin sentido,
Todo el sufrimiento humano queda ligado al sufrimiento de Jesús en la Cruz, y al mismo tiempo bendecido y santificado por medio de la resurrección. Nosotros debemos tener fé en nuestra propia resurrección, al final de nuestro tiempo. El hecho de ser pecadores no nos permite vivir en plenitud la certeza de haber sido comprados, a precio de Sangre, por el mismo Jesús que nos ama siempre...
Por eso, estar pensando en que después de la muerte vamos a recibir un castigo terrible, es como echar a la basura el misterio de la REDENCION.
Ciertamente todos somos grandes pecadores, y mereceríamos terribles castigos, pero el Amor de Cristo es mucho mayor que nuestra inmundicia. Y tenemos un enorme compromiso, porque fuimos liberados en Jesús del peso de nuestros pecados. Nuestra única manera de unirnos a Dios no es el sufrimiento sino aceptar el perdón y aprender a AMAR por encima de todo dolor y sufrimiento.
Vianney vivió un tiempo y un ambiente de mucha confusión, la Revolución Francesa y sus secuelas dibujó un mundo en negro... Sin matices ni segundas vueltas, todo lo material, el cuerpo la riqueza y el poder son malos, y todas las sensaciones son pecaminosas y llevan a la perdición y a la condenación eterna.
En ese tiempo todo se refería a sufrimiento porque el pueblo francés había sufrido mucho luchando contra la monarquía y sus abusos, cientos de cabezas de nobles, politicos y poderosos habían rodado por el piso, pero también mucha gente inocente dehabía perdido su hogar, su fuente de trabajo y su familia. No había alimento suficiente ni hospitales ni escuelas y los que mantenían la lucha revolucionaria eran los "sans culotte" que lo único que buscaban era sobrevivir dentro del vandalismo.
Muchos sacerdotes que antes habían gozado de los privilegios de servir a la nobleza, habían perdido todo, hasta la vida... y casi todos esos malos religiosos habían gozado de lujos y dinero, por lo que la iglesia era acusada de apoyar a la nobleza a costa de los pobres
Y no había nada que hablara de la posibilidad de una vida bella, productiva y hermosa en este mundo de caos donde todo era dolor y sufrimiento, castigo y pecado... Y eso es lo que deseaba oír el pueblo de sus guías espirituales... Con una esperanza mutilada, una fé reducida, y una visión de la vida rota y sesgada y para la que solo existía el juicio sin misericordia y el castigo.
Hoy tenemos que retomar al cura de Ars, y recuperar con El, nuestra fé en un Cristo lleno de AMOR Y MISERICORDIA, que nos ama, nos perdona y nos comprende.
Vianney en su vida, siguió a Jesús hasta el Golgota, acompañó al Señor azotado, coronado de espinas y clavado en la cruz, y buscaba que a través de ese Jesús escarnecido, todos encontráramos el valor del sufrimiento para sobrevivir al dolor, tal como los estoicos griegos... el hombre más valeroso es aquel que soporta mayor sufrimiento sin quejarse... Eso era lo que el pueblo francés quería escuchar, justificar el sentido del sufrimiento y del dolor, nadie podía aspirar a una vida sana, libre de culpas en una perspectiva totalmente solitaria y egoísta.
Imitar a Cristo, para los contemporánes de Vianney, no es encontrar el amor, la comprensión y la ternura del pastor que busca a la oveja perdida, sino arrojarnos en un barranco de leyes, soledad y resentimiento.
Su historia personal refuerza todos esos sentimientos. Con todo respeto debemos recordar que don Juan María no era un estudiante brillante sino lleno de contratiempos académicos... Como entendió que nunca llegaría lejos por la vía de los estudios, ingresó al ejército que reclutaba hombres para atacar España, pero no soportó los castigos y los regaños y sin entender las consecuencias, desertó y tuvo que huir y así paso varios meses.
El Gobierno lo investigó y descubrió que su hermano había intentado ingresar al ejercito para ir a pelear de inmediato sin tener la edad requerida, y por ello también involucraron a Juan María... La única salida era pertenecer al clero de manera oficial, y en ese tiempo los seminaristas eran considerados parte del clero porque a falta de sacerdotes, ellos participaban en la atención a las parroquias semiabandonadas.
Cuando estaba ya muy adelantado tras varios años de seminarista, no lograba aprobar sus exámenes, por lo que el mismo sacerdote que lo había invitado al sacerdocio, tuvo que intervenir y Vianney fue ordenado presbitero bajo la responsabilidad de su protector, y fue enviado a trabajar a un pueblo con poca población que no era parroquia todavía.
Su esfuerzo era extraordinario pero los paisanos estaban muy renuentes a aceptarlo. Por ello, el joven cura, se tuvo que someter a una extrema disciplina personal y lograr que la gente viera la austeridad de su vida. Esto le dio un excelente resultado, mientras más sufrimiento tenía su vida, más se acercaban a el los parroquianos.
Su celo apostólico lo llevó a organizar una casa hogar para mujeres abandonadas y jovencitas desamparadas. Con tan mala suerte que esto le propició envidias y pésimos rumores en el pueblo, incluso lo acusaron de ser el papá del hijo de una de las muchachas de vida facil... Tuvo que traspasar toda la administración a otras personas y redoblar su sobriedad personal. El proyecto pudo prosperar en otras poblaciones, pero en Ars nunca prosperó.
Para él, el remedio único y universal era el sacrificio personal, la austeridad y el ejemplo de una vida llena de carencias.
Su ritmo de vida era muy congruente con esas características. La misa era normalmente la primera actividad del día, debido a que él ayuno eucarístico exigía, para poder comulgar no probar alimentos desde la media noche, así que las misas eran a las 6, 7 u 8 a más tardar.
El comenzaba dos o tres horas antes para confesar a los que se lo solicitaran. Después de la misa tomaba un sencillo desayuno, y ocupaba su día en hacer visitas a enfermos, catequesis y al aseo de su casa y del templo... Su comida era muy simple, y por las tardes además de sus múltiples actividades diariamente dirigía el rezo del Rosario y una hora de oración con el Santísimo.
Por lo general no cenaba y se recogía después de hacer por lo menos una hora de estudio, para poder levantarse muy temprano a las tres o cuatro para recibir a los que deseaban la confesión. y poder oficiar la misa de 7.
Cómo no era muy brillante orador y la gente no lo buscaba por su elocuente predicación, decidió apostarle todo su mejor esfuerzo a la confesión, y sus sermones los elaboraba por escrito, tenía un sermon elaborado para cada fiesta importante, y solo los leía el día que corresponde, pero en la confesión intentaba promover por medio de su palabra, un verdadero arrepentimiento y un propósito firme de corregir los errores que llevaban a sus penitentes al pecado.
En toda Francia y en especial la zona central el número de sacerdotes activos se había reducido a menos del 10%, de los que existían antes de la revolución más del 40 % de los religiosos y curas pertenecían al "alto clero" y eran servidores incondicionales de los nobles y la realeza, al caer este grupo de poder muchos fueron ajusticiados y otros huyeron al extranjero... El "bajo clero se identificó con los revolucionarios, muchos perdieron la vida, pero la mayoría, al desaparecer las autoridades eclesiásticas, perdieron sus parroquias, sus templos y a sus feligreses...
por lo cual no había servicios religiosos en muchas regiones de Francia. Esto ayudó mucho a desarrollar la fama de que en el pequeño pueblo de Ars había un sacerdote maravilloso que atendía todo el día desde su confesionario. Inclusive toda la noche...
Esa fama creó un flujo incesante de peregrinos que visitaban el pueblecito de Ars, solo para recibir la absolución por parte de aquel cura.
La fama de aquel confesor, se incrementa mucho porque incluso otros sacerdotes e incluso obispos y personajes de la política, de dispersas regiones, viajaban de incógnito para recibir el Perdón de manos del humilde cura.
Si trabajo fue muy fructífero, modesto y eficaz, diariamente recibía cientos de penitentes que esperaban con ansias poder ser escuchados y recibir orientación y consejo de aquel curita que pareciera que no hiciera otra cosa que sentarse a confesar...