Cuando nos acercamos a un “Santo”, para “rezarle” o pedirle favores, en realidad estamos aprovechando sólo una mínima parte de lo que dicho santo nos da.

De hecho, los santos son una parte viva e integrante de nuestra Iglesia católica romana, aunque nos cueste reconocerlo y darnos cuenta, TODO EL TIEMPO vivimos totalmente unidos y en perfecta comunicación con todos y cada uno de los santos…

Decir que “cada quien SU santo”, es una frase o una idea muy discutible, que nos hace pensar que el hecho de creer es algo personal y que depende de nuestra propia conciencia y de nuestra propia libertad…, todavía más, pensamos que la solución de nuestro problema depende de nuestra voluntad de creer… lo cual induce a pensar que es un acto personal o privado, de “cada quien”.
Nada más erróneo, por una parte la fe es un don, es algo dado, recibido, un regalo que no depende de nosotros, creemos gracias a una primera experiencia
que es un hecho que no depende de nosotros

Por otra parte, al conectarnos espiritualmente a un santo, nos estamos uniendo a toda la Iglesia de todo el mundo y del cielo, no puede haber fuerza más poderosa que la unión con todos los creyentes de todo el mundo y a todos los santos del cielo.

lunes, 20 de noviembre de 2023

Anacleto González Flores

narración basada en  la pagina de Josefina Rodríguez, colaboradora de Vida y Obra de los Santos.

José Anacleto González Flores nació en Tepatitlán, Jalisco, el 13 de julio de 1888

Hijo de un humilde tejedor de rebozos de nombre Valentín González Sánchez y su madre fue la señora María Flores Navarro. Inició sus estudios en su pueblo natal como alumno del profesor Heriberto Garza, destacado maestro de pueblo que, como muchos de su generación, asimiló, cual si fuera religión, el positivismo de Comte.

Su adolescencia transcurrió entre el telar para confeccionar rebozos, instalado en el domicilio paterno que acostumbró sus manos al trabajo y además tocaba en la banda de música del pueblo, lo cual  afinó sus oídos y su voz, esto le descubrió el deseo de ser un lider nato.

En 1908 ingresó al seminario auxiliar de San Juan de los Lagos; pronto alcanzó grandes adelantos en sus estudios y hasta pudo suplir con creces las ausencias de sus profesores, ganándose el apodo de toda su vida: "Maistro Cleto". No ingresó al internado del seminario como los demás seminaristas sino como alumno de una monja denominada Matiana. Su integridad lo llevó a discernir, casi desde el principio, que su vocación no era el sacerdocio. 

Por esa razón declinó la propuesta de sus superiores para ser enviado a cursar la Teología, en Roma. En su lugar marchó, en 1913, con su compañero Higinio Gutiérrez a inscribirse en la Libre de Derecho. Tuvo claridad en sus aspiraciones y a pregunta expresa del profesor de historia, el padre Lino Pérez, sobre su vocación y carrera, respondió: "Quiero ser licenciado para luchar por la Iglesia y por la Patria".

Los estudios realizados, según el plan académico de entonces, le proporcionaron una formación humanística. En seis años acreditó otros tantos cursos de religión, tres de historia, tres de latin, dos de griego, tres de filosofía, dos de matemáticas, uno de francés, uno de sociología y uno de astronomía.

La vida intelectual no le impidió inmiscuirse en las preocupaciones sociales de su época. En 1912, por invitación de un inventor, viajó por vez primera a la Ciudad de México, para tratar de obtener la titularidad del invento de un amogo, esta misión fracasó, no así su entusiasmo por participar en la nueva conformación social, afiliándose, por entonces, al Partido Católico Nacional. 

Utilizó las largas vacaciones del verano de ese año para realizar campañas de proselitismo a favor del instituto político en la región de Los Altos. Ya en el Seminario de San Juan de los Lagos, al enterarse de la ofensiva norteamericana al Puerto de Veracruz, organizó su primer grupo de orientación social, la "Patriae Phalanx" (Falange de la Patria), con casi un centenar de estudiantes. La vida de esta organización no tardó en apagarse; sin embargo, encendió la llama de muchos, llamados a ser destacados prohombres, y también, por ironías de la vida, adversarios irreconciliables. fue Notable pedagogo, orador, catequista y líder social cristiano, se convirtió en paladín laico de los católicos de Guadalajara.

Poseedor de vasta cultura, escribió algunos libros llenos de espíritu cristiano, así como centenares de artículos periodísticos. En octubre de 1922 contrajo matrimonio con María Concepción Guerrero, quien no asimiló el amor al apostolado de su marido; con todo fue esposo modelo y padre responsable de sus dos hijos.

Muy fiel a la autoridad eclesiastica, el hoy siervo de Dios, Francisco Orozco y Jiménez, propuso a los católicos la resistencia pacífica y civilizada a los ataques del Estado contra la Iglesia, los cuales eran orquestados por Plutarco Elias Calles, constituyó por ese tiempo la obra cumbre de su vida, la Unión Popular, que llegó a contar con decenas de miles de afiliados.

Al finalizar el año 1926, después de haber agotado todos los recursos legales y cívicos habidos, y ante la inminente organización de la resistencia activa de los católicos, apoyó con su prestigio, sus discursos y su vida, los proyectos de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa.

Alimentado con la oración y la comunión diaria, fortaleció su espíritu para dar su voto con sangre por la libertad de la Iglesia católica. La madrugada del 1 de abril de 1927 fue aprehendido en el domicilio particular de la familia Vargas González; los otros detenidos fueron trasladados al Cuartel Colorado; Anacleto a la Dirección General de Operaciones Militares; a las mujeres se les encerró en la que fuera Casa Episcopal, convertida ahora en Inspección de Policía. Una vez identificados, se remitió a los Vargas González al Cuartel Colorado.

El general Ferreira, urgido por mandato directo de la Presidencia de la República, necesitaba ejecutar cuanto antes a los reos. Ordenó, pues, torturar a Anacleto recurriendo a un refinado suplicio, entonces en boga: suspenderlo de los pulgares, flagelarlo, descoyuntarle los dedos y herirle las plantas de los pies. Un golpe brutal de fusil casi le desencajó el hombro. Ferreira quería saber nombres de personas comprometidas con la resistencia, centros de acopio, procedencia de recursos, pero, sobre todo, el paradero del arzobispo Francisco Orozco y Jiménez.

La noticia de la captura corrió toda por la ciudad. Un numeroso grupo de personas se agrupaba en las calles aledañas al Cuartel Colorado. Un funcionario público, el magistrado Francisco González, emparentado con los Vargas González, obtuvo el amparo de la Justicia Federal en favor de los reos, sin embargo, la sentencia era irrevocable y urgía cumplirla antes de que los católicos protestaran a su modo.

A las dos de la tarde, tras liberar a Florentino, uno de los hermanos Vargas González, los otros prisioneros fueron conducidos al paredón; tras un simulacro de juicio sumario, acusados del secuestro y asesinato del ciudadano estadounidense E. Wilkins, se les condenó a sufrir la pena capital. 

Las versiones de la ejecución que proporcionan las diversas fuentes, indican que primero fueron pasados por las armas Luis Padilla Gómez, Jorge y Ramón Vargas González; quedando con vida solamente Anacleto dijo: "el juez que me juzgue a mí también los juzgará a ustedes". 

Ferreira, ordenó a un soldado lo apuñalara por la espalda, con bayoneta, perforándole los pulmones. Los certificados de defunción de los ejecutados, asentados la mañana siguiente en distintas partidas, indican que murieron de "herida de bala" y en domicilios distintos "González Flores fue fusilado acusado de asesinar a soldados federales". En el margen derecho de dos de estos documentos aparece, la firma del Gobernador Silvano Barba González.

En el cadáver de Anacleto se pudieron evidenciar las marcas de los azotes, los pulgares descoyuntados, las plantas de los pies con escoriaciones profundas, el hombro dislocado y la tremenda puñalada que le costó la vida.

Una ambulancia, estilando sangre, trasladó los despojos de los caídos al patio de la Inspección de Policía, donde se les arrojó en el patio. Una turba de curiosos pudo atestiguar la escena. Ferreira, muy turbado, se apersonó en el lugar; exigía continuaran los arrestos. La cacería ciertamente continuó; por órdenes de Ferreira fueron arrestados y fusilados algunos católicos prominentes, entre ellos los hermanos Ezequiel Huerta Gutiérrez y Salvador Huerta Gutiérrez, estos dos últimos, padres de familia, fieles colaboradores a la causa, y que además escondían a dos sacerdotes, sus hermanos José Refugio y Eduardo. Los hermanos Huerta Gutiérrez fueron fusilados bajo la orden del General Jesús M. Ferreira la madrugada del 3 de abril de 1927 sin juicio alguno, tras una tortura similar a la recibida por Anacleto González Flores.

Los maltratados hombres, golpeados y torturados a sangre fría, fueron guiados con pies descalzos y sin piel en las plantas, desde las oficinas de la comandancia de policía ubicada en el centro de la ciudad de Guadalajara hasta el Panteón de Mezquitán, donde finalmente fueron pasados por las armas. Sus cuerpos fueron sepultados allí mismo, sin lápida ni marca y no se supo de ellos hasta varios años más tarde, cuando hijos de los fallecidos se dieron a la tarea de buscar el lugar donde fueron sepultados. Sus restos actualmente reposan en la parroquia de Jesús en Guadalajara, muy cerca del Santuario de Guadalupe donde, en una capilla, reposan los restos de Anacleto González Flores.

Antes de morir, dijo a Ferreira: "Perdono a usted de corazón, muy pronto nos veremos ante el tribunal divino, el mismo juez que me va a juzgar, será su juez, entonces tendrá usted, en mi, un intercesor con Dios". El militar ordenó que lo traspasaran con una bayoneta calada. 

Este es el grupo de los 9 mártires beatificados por SS Benedicto XVI el 20 de Noviembre de 2005,


Anacleto Gonzalez Flores, Laico, 1 abril
José Dionisio Luis Padilla Gómez, Laico, 1 abril
Jorge Ramon Vargas González, Laico, 1 abril
Ramón Vicente Vargas González, Laico, 1 abril
José Luciano Ezequiel Huerta Gutiérrez, Laico, 3 abril
José Salvador Huerta Gutiérrez, Laico, 3 abril
Miguel Gómez Loza, Laico, 21 marzo
Luis Magaña Servin, Laico, 9 febrero
José Sanchez Del Rio, Laico, 10 febrero

Ese mismo día también fueron beatificados los mártires:

Andrés Sola Molist, Sacerdote, 25 abril
José Trinidad Rangel Montano, Sacerdote, 25 abril
Leonardo Pérez Larios, Laico, 25 abril
Dario Acosta Zurita, Sacerdote, 25 julio