Con motivo de la fiesta de de los ANTONIOS redacté esta comparativa
Estamos acostumbrados a festejar, sobre todo en México por cualquier motivo o pretexto, y eso es excelente, porque nos mantiene con los ánimos continuamente en alto, pero, a veces, para evitar entrar en una enorme confusión espiritual y existencial, conviene revisar cual es el origen y la importancia de los santos patronos de los cuales llevamos el nombre y cuya vida y milagros deberíamos conocer y tratar de emular… es el caso de “ANTONIO”, del cual tenemos tres grandes paladines cuyo recuerdo de formas diferentes, nos llenan de honor y de alegría…
De ellos recordamos con entusiasmo el 17 de enero a San Antonio Abad, el 13 de junio a San Antonio de Padua y el 24 de octubre a San Antonio María Claret… pero existe toda una lista de 64 santos y beatos de nombre “Antonio”: San Antonio de Santa Ana Galvao, San Antonio Cauleas, San Antonio Daniel, San Antonio de Gerace, san Antonio de Kiev, San Antonio González(¡!) San Antonio Kim Song-u, San Antonio María Gianelli, San Antonio María Pucci, San Antonio monje etc etc etc.
Por lo que, por simple cultura general, deberíamos conocer y jamás confundir los datos que más identifican a estos grandes hombres, especialmente con los nombres que más utilizamos, para poder saber al menos por qué son venerados y elegidos para ejercer su patronazgo. Una Iglesia sin historia ni tradiciones es como un equipo de futbol sin trofeos…
Y brevemente ahí están algunos rasgos de los tres más populares TOÑOS de nuestra lista:
TOÑO, EL ABAD. Nació en Egipto, se calcula que en el año 250, nació en Coma, pero no por estar enfermito, sino que, en la ciudad de “Coma”, en el país de las pirámides y los faraones… fue hijo de padres acaudalados, pero quedó huérfano a una temprana edad… Toño decidió vender toda la herencia que le habían dejado sus padres y repartirla entre los más necesitados, esto lo hizo reaccionar y buscar otro tipo de valores, abandonó su casa y sus posesiones y se retiró a vivir en soledad, para él era fácil buscar su soledad en el desierto, porque Egipto se caracteriza por esta condición geográfica, pero, lo interesante es que buscó sitios donde pudiera vivir en soledad y dedicado sólo a la oración, trabajando y estudiando los antiguos escritos del evangelio… esta forma de vida atrajo a numerosos hombres decididos a alejarse de los problemas de la vida y buscar un estilo de vida consagrado a la oración. así, el viejo Antonio, formó en su forma más antigua, las primeras abadías, o casas de oración donde las personas de dedicaban sólo a la oración y meditación, viviendo en pobreza y fraternidad.
Recordemos que en esa época el emperador Dioclesiano gobernaba esta parte del mundo y declaró como religión universal el culto a la divinidad de los emperadores romanos, motivo por el que desató una terrible persecución religiosa en todo el oriente… Antonio apoyó a muchísima gente que buscaba escondite, trabajo, protección y asilo en sus incipientes abadías. Quizá esta fue una de las circunstancias que propició la popularización de este tipo de establecimientos.
También en esta época se popularizó el “arrianismo”, la herejía que negaba la divinidad de Jesucristo. Uno de los obispos que más lucharon contra esta ideología fue San Atanasio (el que después fuera maestro de san Agustin). Antonio ayudó y apoyó, sobre todo con su oración a Atanasio, y se distinguió por apoyo que le brindó en su lucha. Recordemos que el de Hipona también fundó más adelante un grupo de seguidores que formaron vida de comunidad monacal (los agustinos), seguramente bajo los ejemplos de las abadías de Antonio, que fue su predecesor.
Murió don Toño, el viejo Abad, a la edad calculada de 105 años… y dejó tras de sí, la primera organización de personas viviendo en un estilo precursor de la vida religiosa. Su ejemplo dio vida a las primeras abadías en el mundo y queda como testimonio de orden, disciplina, oración y fraternidad.
El siguiente personaje a recordar es el gran TOÑO DE PADOVA…
Fernando era el verdadero nombre de Antonio, Nació en Lisboa el 15 de agosto de 1195, según la historia, fue bautizado como Fernando de Bulloes y Taveira de Azevedo y de niño fue a la mejor escuela de Lisboa, con los curas de la Catedral. Cuando era un jovencito, a los 15 años, ingresó en la Abadía Agustina de San Vicente, Fernando era un obsesivo por los estudios, estudió las Sagradas Escrituras, a San Jerónimo, a San Agustín, a San Gregorio el Magno y a San Bernardo. También estudió los clásicos latinos como Ovidio y Séneca. Presentó más de 8 exámenes por oposición para las cátedras más difíciles. Solicitó a sus superiores para que le trasladaran a la Abadía Agustina de la Santa Cruz en Coimbra (que era capital de Portugal), y así continuar sus estudios. Siendo un hombre sano, rico, bien tipo, interesante y muy inteligente, no le faltaban oportunidades para pensar en formar un familia pero él se apegaba a su ilusión de prepararse para poder ir a predicar el Evangelio a los lugares más peligrosos es decir a los musulmanes sarracenos de Marruecos... no eran los tiempos de estudiar licenciaturas maestrías, pero a su corta edad era considerado doctor en varias universidades y se dedicaba con pasión a la Filosofía y la Teología.
Fernando se entusiasmó mucho al ver regresar al Rey Don Pedro de Portugal, quien en esos días regresó de Marruecos con las reliquias de unos frailes franciscanos que acababan de ser martirizados en aquel país... en el verano de 1220 dejó a los agustinos, fue a tocar las puertas del convento francisano y finalmente recibió el hábito franciscano y se enamoró de las enseñanzas de Francisco de Asís, adoptando el nombre de Antonio en honor de Antonio el Magno, fue tan empeñosa su insistencia por ir a misiones, que a principio de 1221, se le permitió hacer votos. Casi inmediatamente después, se le autorizó para embarcar hacia Marruecos a fin de predicar el Evangelio a los musulmanes.
Pero en cuanto llegó a Marruecos fue atacado por una enfermedad que le provocó hidropesía (inflamación del estómago), esta enfermedad lo obligó a regresar a Europa. La nave en que se embarcó, empujada por fuertes vientos, se desvió y fue a parar en Messina, la capital de Sicilia. Con grandes penalidades, viajó desde la isla a la ciudad de Asís donde, según le habían informado sus hermanos en Sicilia, iba a llevarse a cabo un capítulo general de los franciscanos. Aquella fue la gran asamblea de 1221, precisamente en la fiesta de Pentecostés, y estuvo presidido por el hermano Elías como vicario general y ahi asistió Francisco de Asís, ya enfermo, sentado a los pies del vicario miles de frailes se congregaron en Asís, también asistió el cardenal Raniero Capocci el cardenal Ugolino quien sería el futuro Gregorio IX, el papa que canonizará a San Francisco.
Indudablemente que aquella reunión impresionó hondamente al joven fraile portugués. Una vez concluida la reunión, el provincial de Bolonia, Fraile Graziano lo envió a una pequeña ermita en las montañas del pueblo de Montepaolo para que sirviera como sacerdote (porque entre los franciscanos no había curas). Este fue uno de los períodos más felices de la vida de Antonio, quien por fin había pasado a vivir en la sencillez absoluta. Tras la clausura del evento, los hermanos regresaron a sus lugares de origen y Antonio fue a hacerse cargo de la solitaria ermita de San Paolo, cerca de Forli.
Ahí se dedicaba a la oración y a la limpieza y a los lavar los trastes sucios... Sucedió que al celebrarse una ordenación en Forli a finales del verano de 1222, los candidatos franciscanos y dominicos se reunieron en el convento de los Frailes Menores de aquella ciudad. Seguramente a causa de algún malentendido, ninguno de los dominicos había acudido ya preparado a pronunciar el gran sermón durante la ceremonia, y como ninguno de los franciscanos se sentía capaz, se le ordenó a Antonio, ahí presente, que fuese a predicar y que dijese lo que el Espíritu Santo le inspirara. El joven obedeció sin chistar y, desde que abrió la boca hasta que terminó su improvisado discurso, todos los presentes le escucharon como arrobados, embargados por la emoción y por el asombro, a causa de la elocuencia, el fervor y la sabiduría de que hizo gala el orador
A partir de entonces, viajó por todo el norte de Italia y el sur de Francia predicando especialmente en zonas donde la herejía dominaba. En un momento, Antonio pasó de la oscuridad a la luz de la fama y obtuvo, sobre todo, resonantes éxitos en la conversión de los herejes, que abundaban en el norte de Italia, y que, en muchos casos, eran hombres de cierta posición y educación, a los que se podía llegar con argumentos razonables y ejemplos tomados de las Sagradas Escrituras. En una ocasión, cuando los herejes de Rímini le impedían al pueblo acudir a sus sermones, San Antonio se fue a la orilla del mar y empezó a gritar: "Oigan la palabra de Dios, Uds. los pececillos del mar, ya que los pecadores de la tierra no la quieren escuchar". A su llamado acudieron miles y miles de peces que sacudían la cabeza en señal de aprobación. Aquel milagro se conoció y conmovió a la ciudad, por lo que los herejes tuvieron que ceder.
Se dice que era un predicador elocuente con una voz clara y fuerte, una atractiva sonrisa y una maravillosa memoria. Escribió sermones para todas las fiestas del año. Con el celo de un apóstol emprendió la tarea de combatir de forma especial la lujuria, la avaricia y la tiranía. Su obra escrita son los Sermones en latín.
Después de predicar una serie de sermones durante la primavera de 1231, la salud de San Antonio comenzó a ceder y se retiró a descansar, con otros dos frailes, a los bosques de Camposampiero. Bien pronto se dio cuenta de que sus días estaban contados y entonces pidió que le llevasen a Padua. No llegó vivo más que a las afueras de la de la ciudad. El 13 de junio de 1231, en la habitación particular del capellán de las Clarisas Pobres de Arcella recibió los últimos sacramentos. Entonó un canto a la Santísima. Virgen y sonriendo dijo: "Veo venir a Nuestro Señor" y murió. Era el 13 de junio de 1231.
San Antonio de Padua rompió muchos records: fraile a los 15 años, doctor en teologia a los 22, misionero a los 25, llega al cielo a los 35 etc. posee el récord de la canonización más rápida de la historia. San Antonio fue canonizado antes de que hubiese transcurrido un año de su muerte; en esa ocasión, el Papa Gregorio IX pronunció la antífona "O doctor optime" en su honor y, de esta manera, se anticipó en siete siglos a la fecha del año 1946, cuando el Papa Pío XII declaró a San Antonio "Doctor de la Iglesia".
La fama de los milagros de San Antonio nunca ha disminuido, e incluso en la actualidad es reconocido como el más grande milagrero y busca maridos de todos los tiempos. Como renombrado orador atrajo a las multitudes dondequiera que fue, hablando y predicando en diversos idiomas y según la leyenda, hasta los peces del rio, y las aves del cielo se juntaban para escuchar su sermón. Sin embargo lo mas importante no son sus milagros, sino su pensamiento: fue proclamado Doctor de la Iglesia el 16 de enero de 1946 y es llamado el “Doctor Evangélico”.
"Si predicas a Jesús, Él ablanda los corazones duros; si lo invocas, endulzas las tentaciones amargas; si piensas en él, te ilumina el corazón; si lo lees, te sacia la mente",
En Padua ocurrió su milagro más famoso, el del pie amputado. Un joven de nombre Leonardo, en un arranque de ira, pateó a su propia madre. Arrepentido, le confesó su falta a San Antonio quien le dijo: "El pie de aquel que patea a su propia madre, merece ser cortado." Leonardo corrió a casa y se cortó el pie. Enterado de esto, San Antonio tomó el miembro amputado del joven y milagrosamente se lo volvió a pegar al cuerpo.
Otro de los milagros mas famosos de su vida es el de la mula: Quiso un hombre retar a Antonio a que probase con un milagro que Jesús está en la Santa Hostia. El hombre dejó a su mula tres días sin comer, y luego cuando la trajo a la puerta del templo le presentó un bulto de pasto fresco y al otro lado a San Antonio con una Santa Hostia. La mula dejó el pasto y se fue ante la Santa Hostia y se arrodilló. Además de la misión de predicador, se le dio el cargo de lector(profesor) en teología entre sus hermanos franciscanos. Aquella fue la primera vez que un miembro de la Orden Franciscana cumplía con aquella función. En una carta que, por lo general, se considera como perteneciente a San Francisco, se confirma este nombramiento con las siguientes palabras: "Al muy amado hermano Antonio, el hermano Francisco le saluda en Jesucristo. Me complace en extremo que seas tú el que lea la sagrada teología a los frailes, siempre que esos estudios no afecten al santo espíritu de plegaria y devoción que está de acuerdo con nuestra regla".
Desde aquel momento, el lugar de residencia de San Antonio fue Padua, una ciudad donde anteriormente había trabajado, donde todos le amaban y veneraban y donde, en mayor grado que en cualquier otra parte, tuvo el privilegio de ver los abundantísimos frutos de su ministerio.
Se le llama el "Milagroso San Antonio" por ser interminable lista de favores y beneficios que ha obtenido del cielo para sus devotos, desde el momento de su muerte. A partir del siglo XVII, se ha representado a San Antonio con el Niño Jesús en los brazos; en las representaciones anteriores al siglo XVII aparece San Antonio sin otro distintivo que un libro, símbolo de su sabiduría respecto a las Sagradas Escrituras. En ocasiones se le representó con un lirio en las manos y también junto a una mula que, según la leyenda, se arrodilló ante el Santísimo Sacramento.
Yo prefiero imaginarlo si él viviera entre nosotos, sentado atrás de una computadora, escribiendo una actualización teológica y predicando por internet..
El tercer Antonio a considerar en esta ocasión es el personaje de TOÑO MARIA CLARET.
Antonio Claret y Clará, nació en Sallent, Barcelona, el 23 de diciembre de 1807. Era el quinto de once hijos, en su casa el papá tenía telares de madera, estaba candente la guerra popular contra Napoleón. Una debilidad de Antonio eran los libros. Se los devoraba.
Entre los telares pasó su adolescencia Antonio. Pronto consiguió llegar a ser maestro en el arte textil. Para perfeccionarse en la fabricación, pidió a su padre que le permitiera ir a Barcelona se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios de la Lonja. Trabajaba de día, y de noche estudiaba.
las palabras del Evangelio: "¿De qué le vale al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?", le impresionaron profundamente Los telares se pararon en seco, y Antonio se fue a consultar a los oratorianos de San Felipe Neri. Por fin tomó la decisión de hacerse cartujo, y así se lo comunicó a su padre. Antonio salía de Barcelona a principios de septiembre de 1829 camino de Sallent y Vic. Tenía 21 años y estaba decidido a ser sacerdote.
Claret se formó como seminarista externo, viviendo como criado de Don Fortià Bres, mayordomo del palacio episcopal. llegó el momento de llevar a cabo su decisión de entrar en la cartuja de Montealegre, y hacia allí salió, pero una tormenta de verano que lo sorprendió en el camino dio al traste con sus planes. Dios no le quería de cartujo. Dio media vuelta y retornó a Vic. A los 27 años, el 13 de junio de 1835, Su primera misa la celebró en la parroquia de Sallent el día 21 de junio, con gran satisfacción y alegría de su familia. Su primer destino fue precisamente Sallent, su ciudad natal.
Su caridad no tenía límites. Por eso, los horizontes de una parroquia no satisfacían el ansia apostólica de Claret. Consultó y decidió ir a Roma a inscribirse en "Propaganda Fide", con objeto de ir a predicar el Evangelio a tierras de infieles... Corría el mes de septiembre de 1839. Tenía 31 años.
Regresado a España, fue destinado provisionalmente a Viladrau, pueblecito entonces de leñadores, en la provincia de Gerona. En calidad de Regente (el párroco era un anciano impedido) emprendió su ministerio con gran celo. Tuvo que hacer también de médico, porque no lo había ni en el pueblo ni en sus contornos, utilizando yerbas y ungüentos medicinales para aliviar las penas de los que venían a verle.
Misionero Apostólico en Cataluña: Como Claret no había nacido para permanecer en una sola parroquia, su espíritu le empujó hacia horizontes más vastos. En julio de 1841, cuando contaba con 33 años recibió de Roma el título de Misionero Apostólico. Por fin era alguien destinado al servicio de la Palabra, al estilo de los apóstoles. Claret, siempre a pie, con un mapa de hule, su hatillo y su breviario, caminaba por la nieve o en medio de las tormentas, hundido entre barrancos y lodazales. Se juntaba con arrieros y comerciantes y les hablaba del Reino de Dios. Y los convertía. Sus huellas quedaron grabadas en todos los caminos. Las catedrales de Solsona, Gerona, Tarragona, Lérida, Barcelona y las iglesias de otras ciudades se abarrotaban de gente cuando hablaba el P. Claret.
En otra ocasión sacó de apuros a un pobre hombre, contrabandista, convirtiendo en alubias un fardo de tabaco ante unos carabineros que les echaron el alto. La mayor sorpresa se la llevó el buen hombre cuando, al llegar a su casa, observó que el fardo de alubias se había convertido de nuevo en tabaco.
Durante este tiempo también publicó numerosos folletos y libros. De entre ellos cabe destacar el "Camino Recto", publicado en 1843 por primera vez y que sería el libro de piedad más leído del siglo XIX. Tenía 35 años. En 1847 fundaba junto con su amigo José Caixal, futuro obispo de Seu D'Urgel y Antonio Palau la "Librería Religiosa". Ese mismo año fundaba la Archicofradía del Corazón de María y escribía los estatutos de La Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María y Amantes de la Humanidad, compuesta por sacerdotes y seglares, hombres y mujeres.
El 6 de marzo de 1848 salía de Cádiz para las islas Canarias con el recién nombrado obispo D. Buenaventura Codina. Tenía 40 años. Y es que tras la nueva rebelión armada de 1847 ya no era posible dar misiones en Cataluña. Desde el Puerto de la Luz de Gran Canaria hasta los ásperos arenales de Lanzarote resonó la convincente voz de Claret. Misionó Telde, Agüimes, Arucas, Gáldar, Guía, Firgas, Teror... El milagro de Cataluña se repitió de nuevo. Claret tuvo que predicar en las plazas, sobre los tablados, al campo libre, entre multitudes que lo acosaban. A pesar de una pulmonía no cesó en su intenso trabajo. En Lanzarote da misiones en Teguise y Arrecife.
Gastó 15 meses de su vida en las Canarias, y dejó atrás conversiones, prodigios, profecías y leyendas. Los canarios vieron partir con lágrimas en los ojos un día a su "padrito" y lo despidieron con añoranza. Era en los últimos días de mayo de 1849. Aún perdura su recuerdo.
Poco después, el 16 de julio de 1849, a las tres de la tarde en una celda del seminario de Vic fundaba San Antonio María Claret la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Tenía 41 años. Eran los Cofundadores los PP. Esteban Sala, José Xifré, Manuel Vilaró, Domingo Fábregas y Jaime Clotet.
Un hecho de capital importancia puso pronto en peligro su recién fundado Instituto. El P. Claret era nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba. Aceptó el cargo después de todos los intentos de renuncia el 4 de octubre de 1849 y el día 6 de octubre de 1850 era consagrado obispo en la catedral de Vic. Tenía 42 años. Antes de embarcarse para Cuba y después de ir a Madrid a recibir el palio y la gran cruz de Isabel la Católica efectuó tres visitas: a la Virgen del Pilar, en Zaragoza, a la Virgen de Montserrat y a la Virgen de Fusimaña, en Sallent, su Patria chica. Y aún le dio tiempo, antes de partir, para fundar las "Religiosas en sus Casas o las Hijas del Inmaculado Corazón de María, actual Filiación Cordimariana." En el puerto de Barcelona un inmenso gentío despidió al Arzobispo Claret con una apoteósica manifestación.
En el viaje hacia La Habana aprovechó para dar una misión a bordo para todos los pasajeros, oficialidad y tripulación. Y al fin... Cuba. Seis años gastaría Claret en la diócesis de Santiago de Cuba, trabajando incansablemente, misionando, sembrando el amor y la justicia en aquella isla en la que la discriminación racial y la injusticia social reinaban por doquier. Fue un Arzobispo evangelizador por excelencia. Renovó todos los aspectos de la vida de la iglesia: sacerdotes, seminario, educación de niños, abolición de la esclavitud... En cinco años realizó cuatro veces la visita pastoral de la diócesis.
El P. Claret tenía una capacidad inventiva que denotaba un ingenio poco común. En Holguín se organizaron fiestas populares. El número fuerte del programa era el lanzamiento de un globo tripulado por un hombre. El artefacto aerostático era de los primeros que se ensayaban en aquellos tiempos. No tuvo éxito; comenzó a elevarse, pero el piloto perdió el control y cayó en un pequeño barranco. El Arzobispo estudió el problema y un día sorprendió a todos: "Hoy he dado con el sistema de la dirección de los globos". Y les mostró un diseño, que todavía hoy se conserva.
Era un hombre práctico. Fundó en todas las parroquias instituciones religiosas y sociales para niños y para mayores; creó escuelas técnicas y agrícolas, estableció y propagó por toda Cuba las Cajas de Ahorros, fundó asilos, visitó cuatro veces todas las ciudades, pueblos y rancherías de su inmensa diócesis. Siempre a pie o a caballo.
Pero ni siquiera en Cuba le dejaron en paz sus enemigos. La tormenta de atentados llegó al cúlmen en Holguín, donde fue herido gravemente por un sicario a sueldo de sus enemigos, al que había sacado poco antes de la cárcel, cuando salía de la iglesia. El P. Claret, casi agonizando, pidió que perdonaran al criminal. A pesar de todo, sus enemigos siguieron sin perderle de vista. Los católicos de Cuba lo recuerdan con profundo cariño y veneración.
Al cabo de seis años en Cuba un día le entregaron un despacho urgente del capitán general de La Habana en el que se le comunicaba que su Majestad la Reina Isabel II le llamaba a Madrid. Era el 18 de marzo de 1857. Llegado a Madrid, supo el P. Claret que su cargo era definitivamente el de confesor de la Reina. Contrariado aceptó, pero poniendo tres condiciones: no vivir en palacio, no implicarle en política y no guardar antesalas teniendo libertad de acción apostólica.
Tenía 49 años cuando regresó de Cuba. Pero Claret no había nacido para cortesano. En los 11 años que permaneció en Madrid, su actividad apostólica en la Corte fue intensa y continuada. Pocas fueron las iglesias y conventos donde su voz no resonara con fuerza y convicción. Desde la iglesia de Italianos, situada en la actual ampliación de las Cortes y desde la iglesia de Montserrat, donde está situado actualmente el Teatro Monumental, desarrolló una imparable actividad. Principalmente se hizo notar en sus misiones al pueblo y en sus ejercicios al clero. Restauró El Escorial y organizó en él un centro de estudio.
"Pero en la corte me sentía como un pájaro enjaulado... como perro atado... Tengo unos deseos tan grandes de salir de Madrid para ir a predicar por todo el mundo que no lo puedo explicar... Sólo Dios sabe lo que sufro... Cada día tengo que hacer actos de resignación conformándome a la voluntad de Dios..."
Mientras acompañaba a la Reina en sus giras por España, aprovechaba también para desarrollar un intenso apostolado. A primeros de junio de 1858 la real caravana rodaba por las llanuras de la Mancha, Alicante, Albacete, Valencia... y en julio por Castilla, León, Asturias y Galicia. El recorrido por el sur fue de un entusiasmo extraordinario, llegando a predicar en un solo día 14 sermones. El Reino de Dios era anunciado y el pueblo respondía con generosidad. "En estos viajes, la Reina reúne a la gente y yo les predico".
Con la restauración material emprendió la espiritual. Creó una verdadera Universidad eclesiástica, con los estudios de humanidades y lenguas clásicas, lenguas modernas, ciencias naturales, arqueología, escolanía y banda de música. Estudios de Filosofía y Teología, con Patrística, Liturgia Moral y ciencias Bíblicas, lenguas caldaica, hebrea, arábiga, etc. Hizo de este monasterio uno de los mejores centros de España. Y gracias a su afán recuperó su esplendor la octava maravilla del mundo.
Claret escrutaba continuamente los signos de los tiempos: "Uno de los medios que la experiencia me ha enseñado ser más poderoso para el bien es la imprenta, -decía-, así como es el arma más poderosa para el mal cuando se abusa de ella".
Escribió unas 96 obras propias (15 libros y 81 opúsculos) y otras 27 editadas, anotadas y a veces traducidas por él. Sólo si se tiene en cuenta su extrema laboriosidad y las fuerzas que Dios le daba, se puede comprender el hecho de que escribiera tanto llevando una dedicación tan intensa al ministerio apostólico. Claret no era solamente escritor. Era propagandista. Divulgó con profusión los libros y hojas sueltas. En cuanto a su difusión alcanzó cifras verdaderamente importantes.
Jamás cobraba nada de la edición y venta de sus libros; al contrario, invertía en ello grandes sumas de dinero. ¿De dónde lo sacaba? De lo que obtenía por sus cargos y de los donativos."No todos pueden escuchar sermones... pero todos pueden leer..." "El predicador se cansa... el libro siempre está a punto... Son los libros la comida del alma..."
Entre el centenar de obras de todos tamaños que escribió, destacan: "Avisos" a toda clase de personas. "El camino recto" "El catecismo explicado" "El colegial instruido" "Los libros son la mejor limosna".
En el año 1848 había fundado la Librería Religiosa junto al Dr.Caixal, futuro obispo de Seo de Urgel, precedida por la "Hermandad espiritual de los libros buenos", que durante los años que estuvo bajo su dirección hasta su ida a Cuba imprimió gran cantidad de libros, opúsculos y hojas volantes, con un promedio anual de más de medio millón de impresos. En el primer decenio de la fundación recibió la felicitación personal del Papa Pío IX. Aún sacerdote fundó la Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, cuya finalidad era la de mantener permanentemente la difusión de los libros y constituyó uno de los primeros ensayos de apostolado seglar activo por estar integrada por sacerdotes y seglares de ambos sexos.
Una de sus obras más geniales fue la fundación de la Academia de San Miguel (1858). En ella pretendía agrupar las fuerzas vivas de las artes plásticas, el periodismo y las organizaciones católicas; artistas, literatos y propagandistas de toda España para la causa del Señor. Gracias a su prestigio consiguió reunir en ella las figuras más representativas del campo católico español. En nueve años se difundieron gratuitamente numerosos libros, se prestaron otros muchos y se repartió un número incalculable de hojas sueltas. Y fundó las bibliotecas populares en Cuba y en España. Más de un centenar llegaron a funcionar en España en los últimos años de su vida.
La suntuosidad cortesana no impidió al P. Claret vivir como el religioso más observante. Cada día dedicaba mucho tiempo a la oración. Su austeridad era proverbial y su sobriedad para las comidas y bebidas, admirable. Este era su horario. Dormía apenas seis horas levantándose a las tres de la mañana. Antes que se levantaran los demás tenía dos horas de oración y lectura de la Biblia, luego otra hora con ellos, celebraba su Eucaristía y oía otra en acción de gracias, desde el desayuno hasta las diez confesaba y luego escribía. Lo que peor soportaba era la hora de audiencia hacia las doce. Por la tarde predicaba, visitaba hospitales, cárceles, colegios y conventos.
Su pobreza era ejemplar. Un día se llevó un susto al llevarse la mano al bolsillo. Le pareció haber encontrado una moneda, pero enseguida se repuso, no era una moneda, sino una medalla. En una ocasión no teniendo otra cosa para poder auxiliar a un pobre empeñó su cruz arzobispal. En Intimidad con el Señor: La clave de toda la espiritualidad de Antonio es el amor al Santísimo Sacramento, que devoró su corazón durante toda su vida. Este amor es el que le hace transformarse en Cristo, en Cristo paciente y sacrificado.
Pero hubo una campaña difamatoria que se organizó a gran escala por toda España para desacreditarlo ante las gentes sencillas. Se le acusó de influir en la política, de pertenecer a la famosa "camarilla" de la Reina con Sor Patrocinio Marfori y otros, de ser poco inteligente, de ser obsceno en sus escritos refiriéndose a "La Llave de Oro", de ser ambicioso y aún de ladrón. Pero Claret supo callar, contento de sufrir algo por Cristo. Ante el reconocimiento del Reino de Italia: El 15 de julio de 1865, el gobierno en pleno se reunía en La Granja para arrancar a la Reina su firma sobre el reconocimiento del Reino de Italia, que equivalía a la aprobación del expolio de los Estados pontificios.
El P. Claret ya había advertido a la Reina que la aprobación de este atropello era, a su parecer, un grave delito, y la amenazó con retirarse si lo firmaba. La Reina, engañada, firmó. Claret no quiso ser cómplice permaneciendo en la corte. Oró ante el Cristo del Perdón, en la iglesia de La Granja, y escuchó estas palabras: "Antonio, retírate". Transido de dolor al verse obligado a abandonar a la Reina en aquella situación, se dirigió a Roma. Allí el Papa Pío IX le consoló y le ordenó que volviera otra vez a la corte. La familia real se alegró inmensamente de su retorno. Pero una nueva tempestad de calumnias y de ataques se desencadenó contra él. Se puede decir de Claret que fue uno de los hombres públicos más perseguidos del siglo XIX.
El 18 de septiembre de 1868, la revolución, ya en marcha, era incontenible. Veintiún cañonazos de la fragata Zaragoza, en la bahía de Cádiz, anunciaron el destronamiento de la Reina Isabel II. Con la derrota del ejército isabelino en Alcolea, caía Madrid, y la revolución, como un reguero de pólvora, se extendió por toda España. El día 30, la familia real, con algunos adictos y su confesor, salía para el destierro en Francia. Primero hacia Pau, luego París. El P. Claret tenía 60 años. Los desmanes y quema de iglesias se prodigaron, cumpliéndose otra de las profecías del P. Claret: la Congregación tendrá su primer mártir en esta revolución. En La Selva del Camp caía asesinado el P.Crusats. El 30 de marzo de 1869 Claret se separaba definitivamente de la Reina y se iba a Roma.
El día 8 de diciembre de 1869 comenzaron a llegar a Roma 700 obispos de todo el mundo, superiores de órdenes religiosas, arzobispos, primados, patriarcas y cardenales. Comenzaba el Concilio Ecuménico Vaticano I. Allí estaba el P. Claret. Uno de los temas más debatidos fue la infalibilidad pontificia en cuestiones de fe y costumbres. La voz de Claret resonó en la basílica vaticana, es el único Padre asistente a aquel Concilio que ha llegado a los altares.
El ocaso de sus días: El 23 de julio de 1870, en compañía del P. Xifré, Superior General de la Congregación, llegaba el Arzobispo Claret a Prades, en el Pirineo francés. La Comunidad de misioneros en el destierro, en su mayoría jóvenes estudiantes, recibió con gran gozo al fundador, ya enfermo. Él sabía que su muerte era inminente. Pero ni siquiera en el ambiente plácido de aquel retiro le dejaron en paz sus enemigos. El día 5 de agosto se recibió un aviso. Querían apresar al señor arzobispo. Incluso en el destierro y enfermo, el P. Claret tuvo que huir. Se refugió en el cercano monasterio cisterciense de Fontfroide. En aquel cenobio, cerca de Narbona, fue acogido con gran alegría por sus moradores. Su salud estaba completamente minada. El P. Clotet no se separó de su lado y anotó las incidencias de la enfermedad. El día 4 de octubre tuvo un ataque de apoplejía. El día 8 recibió los últimos sacramentos e hizo la profesión religiosa como Hijo del Corazón de María, a manos del P. Xifré. Llegó el día 24 de octubre por la mañana. Todos los religiosos se habían arrodillado alrededor de su lecho de muerte. Junto a él, los Padres Clotet y Puig. Entre oraciones Claret entregó su espíritu en manos del Creador. Eran las 8:45 de la mañana y tenía 62 años.
Su cuerpo fue depositado en el cementerio monacal con una inscripción de Gregorio VII que rezaba: "Amé la justicia y odié la iniquidad, por eso muero en el destierro". Y el 7 de mayo de 1950 el Papa Pío XII lo proclamó SANTO.
Esta impresionante historia de un Antonio, que aunque perteneció al siglo de nuestros abuelos, nos habla de una intensa labor a favor de la lectura, de la vida política, de una labor apostólica y de un hombre incansable e inquebrantable que buscaba cualquier pretexto para difundir el mensaje del amor.
Asi que felicidades a todos los ANTONIOS, todos los días puede ser su dia.