Cuando nos acercamos a un “Santo”, para “rezarle” o pedirle favores, en realidad estamos aprovechando sólo una mínima parte de lo que dicho santo nos da.

De hecho, los santos son una parte viva e integrante de nuestra Iglesia católica romana, aunque nos cueste reconocerlo y darnos cuenta, TODO EL TIEMPO vivimos totalmente unidos y en perfecta comunicación con todos y cada uno de los santos…

Decir que “cada quien SU santo”, es una frase o una idea muy discutible, que nos hace pensar que el hecho de creer es algo personal y que depende de nuestra propia conciencia y de nuestra propia libertad…, todavía más, pensamos que la solución de nuestro problema depende de nuestra voluntad de creer… lo cual induce a pensar que es un acto personal o privado, de “cada quien”.
Nada más erróneo, por una parte la fe es un don, es algo dado, recibido, un regalo que no depende de nosotros, creemos gracias a una primera experiencia
que es un hecho que no depende de nosotros

Por otra parte, al conectarnos espiritualmente a un santo, nos estamos uniendo a toda la Iglesia de todo el mundo y del cielo, no puede haber fuerza más poderosa que la unión con todos los creyentes de todo el mundo y a todos los santos del cielo.

miércoles, 1 de febrero de 2023

ALMUDENA

 En el año 712 el español rey Don Rodrigo fue derrotado en la batalla de Guadalete. Los capitanes musulmanes Muza y Tariks se apoderaron de Toledo para desde ahí, gobernar sobre casi toda la Península tras una rápida conquista. Madrid, la actual capital de España era en el siglo VIII, es decir, en ese entonces, un insignificante pueblito. Ni siquiera se conoce su antiguo nombre, que pudiera ser Mantua, Miacum o Ursaría...

Los musulmanes entendieron que Madrid era un lugar estratégico y decidieron establecer allí una gran fortaleza. Grande fue la consternación de los cristianos de aquel lugar al saber del inminente ataque musulmán. Fue así que pensaron en cómo salvar a la venerada imagen de la Virgen María, que según la tradición, fue traída a esta villa por un discípulo del Apóstol Santiago en el año 38 de nuestra Era. Recordemos que Santiago evangelizó la península y se la apareció la Virgen en Zaragoza, sus restos mortales se encuentran en Santiago de Compostela.  Todo el pueblo se reunió en la iglesia para pedir la protección de la Virgen, dispuestos a defender su querida y venerada imagen contra todos los infieles.

Un viejo sacerdote subió al púlpito, y con gran emoción, habló así a los madrileños: "Hijos míos: Los enemigos de nuestra fe han invadido todas las ciudades, villas y aldeas de España. ¡Es inútil la resistencia! ¡Dios así lo quiere! Es preciso que acatemos su santa voluntad, pidiendo de rodillas perdón por nuestras culpas. El que se encuentre con fuerzas para pelear, que pelee hasta morir en defensa de nuestra sacrosanta religión. Y aquel que sobreviva al duro combate, en el que sin duda seremos vencidos, que corra hacia las montañas donde se reúnen las huestes de los soldados de la Cruz, al mando de don Pelayo, para hostigar cuanto puedan a los invasores y trabajar por la libertad de la Patria. Muza está en Toledo; conquistada esta ciudad, pronto el infiel caudillo se hallará delante de nuestros muros; antes de que esto suceda, antes de que Madrid caiga en sus manos, es preciso que pensemos en salvar los objetos que nos son más queridos. La Virgen Santísima, a quien tanto veneramos, que siempre ha sido nuestra abogada y protectora, que siempre ha oído clemente nuestras preces, no ha de caer en manos de nuestros enemigos, no hemos de permitir que su preciosa imagen sea profanada por los infieles. Ocultémosla, mientras peleamos contra ellos, en el cubo de esta muralla contigua a este santo templo. Si vencemos, todos sabemos dónde la hallaremos para darle gracias por la victoria, y si, por desgracia, somos vencidos, líbrese, oculta en la muralla, del furor de los mahometanos".

El pueblo escuchó con religioso silencio la emocionante plática del anciano sacerdote y quedó aprobada en el mismo instante su proposición.  bajada la imagen del camarín y conducida en procesión hasta la muralla donde se le construyó un nicho en el que fue colocada, "dejando dos luces para que la alumbrasen". Se tapió el nicho y se dejó el muro en la misma forma que estaba antes. 

Efectivamente Madrid fue tomada y durante tres siglos y medio estuvo bajo el yugo de los árabes y recibió el nombre de "Magerit".  En ese viejo Madrid árabe, la Almudena era la antigua medina musulmana, que se encontraba a un lado de la ribera del río Manzanares en la zona donde actualmente se encuentran el Palacio Real de Madrid, la Plaza de Oriente y la catedral. 

No fue sino en el 1085, tres siglos después de que la Virgen fuese escondida, que llegó el añorado día de la liberación de "Magerit". Don Alfonso VI de Castilla, llamado "El Bravo", reconquistó Toledo, y poco tiempo después el estandarte de Cruz también ondeaba sobre las torres de Madrid. Don Alfonso en seguida dispuso la purificación del antiguo templo dedicado a la Virgen María, que los infieles habían profanado al convertirlo en mezquita. Sabedor de que se había ocultado la imagen de la Virgen para protegerla, mandó realizar pesquisas para averiguar el sitio donde se encontraba. Pero ya no quedaba nadie que supiese su paradero, entonces ordenó el rey que se hiciera oración durante nueve días para que el Cielo les concediese el tesoro que se hallaba oculto; para que la misma Virgen María los iluminase y encaminase sus pasos hacia el lugar donde se encontrara su sagrada imagen. 

La Virgen escuchó sus ruegos: el día 9 de noviembre de 1085, último del novenario, se organizó una solemne procesión, después de la misa celebrada en el templo de Santa María, que recorrió todos los lugares donde se creía que pudiera esconderse la imagen de la Señora... Cuentan las crónicas que en esta procesión iban, además de don Alfonso VI de Castilla, el rey don Sancho de Aragón y de Navarra, el infante don Fernando y el famoso Cid Campeador, don Rodrigo Díaz de Vivar.

Al llegar esta comitiva al sitio denominado hoy Cuesta de la Vega, y al pasar por delante de las ruinas de la vieja muralla que por dicha parte de la villa aún se levantaba, permitió Dios que se produjera uno de los muchos prodigios con que muestra a los mortales su infinito poder y su bondad sin límites...  Ante el asombro de todos los presentes, se derrumbó por sí mismo un trozo de muralla donde estaba el nicho en la que trescientos años atrás ocultaron la sagrada imagen de María, apareciendo ésta, a la vista de los fieles, en la misma forma en que fue colocada, incluso con las dos velas encendidas que, para alumbrarla, habían puesto en el año 712. Habían transcurrido trescientos setenta y tres años.

Ante el milagro, todos los de la procesión cayeron todos de rodillas, prorrumpiendo en exclamaciones de júbilo, y no quedó una persona en todo Madrid que no acudiera a aquel lugar para venerar con respeto filial a la Santísima Virgen María, que, de modo tan claro, había demostrado su amor a los madrileños. Al otro día fue trasladada la milagrosa imagen a su primitiva mansión, en cuyo camarín fue colocada con el título de la Virgen de la Almudena, por haber estado oculta en el lugar llamado por los moros "Almudín", o depósito del trigo.

Desde entonces la Virgen de la Almudena es considerada Patrona de Madrid.  La iglesia parroquial de Santa María, reconocido por su antigüedad e historia, era un templo muy simple en su forma y dimensiones, y se asegura que en él se predicó por primera vez el Evangelio en Madrid. Pues, de nuevo en él se rindió culto a la Patrona y obtuvo la categoría de catedral. Luego pasó a la categoría de parroquia, hasta su demolición, a fines del año 1870, pasando la milagrosa imagen a la iglesia del Sacramento, de donde fue trasladada a la cripta de la Catedral. Después pasó al Altar Mayor de la referida iglesia del Sacramento.

El día 9 de noviembre de 1941, tras la devastadora Guerra Civil Española, el ilustrísimo señor Obispo de Madrid-Alcalá, inauguró solemnemente una imagen de la Virgen de la Almudena, esculpida en piedra, en el mismo sitio de la Cuesta de la Vega donde se supone que apareció el año 1085. A ambos lados de este nicho, se colocaron, dos monumentales faroles de hierro y cristales que alumbraban la imagen, en recuerdo de aquellas milagrosas velas que lucieron durante trescientos setenta y cinco años, en honor a la Virgen María... 

El 8 de septiembre de 1945 se otorga a la Imagen de la ALMUDENA la Medalla de oro de la ciudad de MADRID. El 10 de noviembre de 1948 se efectúa en la Plaza de la Armería del Palacio Real de Madrid, la coronación canónica.

El 2 de febrero de 1954 la imagen de la Virgen fue trasladada desde la Iglesia del Sacramento, a un altar de la Catedral de Madrid-Alcalá, que por entonces era el Templo de San Isidro. Allí permaneció hasta junio 1993, en que en una solemne procesión (después de una acertada restauración de la imagen) fue trasladada a la nueva Catedral de Santa María la Real de la Almudena, donde desde entonces permanece en un magnifico altar gótico, en el lado derecho del Altar Mayor. Al día siguiente S. S. Juan Pablo II consagro la nueva Catedral Metropolitana de Madrid, siendo la única catedral española consagrada por un papa.

En sí el término ALMUDENA, es proveniente del árabe “al-mudayna”, que quiere decir  'ciudad chiquita', diminutivo de “madina”, que significa 'ciudad', una almudena era pues, un recinto fortificado, dentro de otro, dependiendo de su importancia, podía ser desde una simple torre rodeada por un patio hasta una ciudad dentro de otra ciudad, tras la conquista cristiana, se siguió utilizando este término para algunas construcciones, si bien se castellanizó en la forma «almudena». 

En resumen, la imagen de la Virgen llegó a tierra madrileña quizá desde el año 38 de nuestra era, y se le construyó un templo. Ante la invasión de los musulmanes, aproximadamente en  el año 712 el pueblo escondió esta imagen en una muralla, y trescientos años después, cuando los españoles reconquistaron la ciudad en el año 1085, el viejo templo se había convertido en una grandiosa mezquita… el rey Alfonso VI mandó buscar la imagen, que apareció, gracias a una plegaria de toda la ciudad, casi milagrosamente, en aquella muralla en que se le había colocado trescientos años antes, y ordenó regresarla a los restos del viejo templo original. Este recinto fue convertido en parroquia y luego fue trasladada a la Catedral, y a la nueva catedral.

Toda esta historia que responde a la fe del pueblo madrileño, es un testimonio vivo de la presencia de nuestra Buena Madre dentro de la Iglesia, a través del espíritu de lucha y la esperanza de los hombres una ciudad entera, que pudieron reconquistar su territorio y conservar su fe, de la cual los mexicanos compartimos gran parte de la nuestra. 

Durante nuestra persecución cristera, en muchos pueblos mexicanos fueron escondidas las imágenes de la Reina del Cielo, gran parte de esta tradición tiene sus orígenes en esta maravillosa historia madrileña. La presencia de María se mantiene viva en el corazón de un pueblo que finalmente tiene “olvidado” el lugar preciso donde la ha escondido. un ejemplo simple: durante cuántos años la tilma de Coatlacoatzin permaneció escondida en una garita olvidada por las autoridades eclesiásticas.