Cuando nos acercamos a un “Santo”, para “rezarle” o pedirle favores, en realidad estamos aprovechando sólo una mínima parte de lo que dicho santo nos da.

De hecho, los santos son una parte viva e integrante de nuestra Iglesia católica romana, aunque nos cueste reconocerlo y darnos cuenta, TODO EL TIEMPO vivimos totalmente unidos y en perfecta comunicación con todos y cada uno de los santos…

Decir que “cada quien SU santo”, es una frase o una idea muy discutible, que nos hace pensar que el hecho de creer es algo personal y que depende de nuestra propia conciencia y de nuestra propia libertad…, todavía más, pensamos que la solución de nuestro problema depende de nuestra voluntad de creer… lo cual induce a pensar que es un acto personal o privado, de “cada quien”.
Nada más erróneo, por una parte la fe es un don, es algo dado, recibido, un regalo que no depende de nosotros, creemos gracias a una primera experiencia
que es un hecho que no depende de nosotros

Por otra parte, al conectarnos espiritualmente a un santo, nos estamos uniendo a toda la Iglesia de todo el mundo y del cielo, no puede haber fuerza más poderosa que la unión con todos los creyentes de todo el mundo y a todos los santos del cielo.

martes, 11 de julio de 2023

TOMAS, EL GEMELO

Hace unos días festejamos a los TOMASES… en realidad fue la fiesta de santo Tomás, el gemelo… es decir uno de los doce amigos de Jesús. Pera empezar, debemos tener muy claro a quién nos referimos, porque hay muchos santos con este mismo nombre, y como mucha gente no explica o no sabe quien es el patrono que le corresponde, puede vivir en la ignorancia toda la vida. Al final de este texto relato brevemente el CV de los algunos otros célebres santos Tomas.

 Pero el Tomás que nos ocupa hoy es el amigo de Jesús, uno de los doce… su nombre en arameo significa “gemelo”, por lo que decir que Tomás era apodado “el gemelo” resulta una duplicidad, porque tanto Tomás, (Tau ma, en arameo) como Dídimo (en griego), significan lo mismo: gemelo o mellizo, quizá la confusión viene en las traducciones, porque en Arameo su nombre se pronuncia “Tow ma” y por sobrenombre le decían “To-mo”

Existe un evangelio apócrifo encontrado en Siria, en él, se presenta como Judas Tomás, y además la tradición en ese sentido lo identifica como uno de los cuatro hermanos carnales o primos, familiares más cercanos a Jesús. El supuesto evangelio de Tomás nunca fue considerado como uno de los cuatro aceptados (canónicos); menciona básicamente 114 dichos o enseñanzas directas  de Jesús, pero sin un contexto de narración contextual de hechos… en esos escritos “Tomás insiste mucho en afirmar de que “el reino de Dios está en nosotros”

Tomás, después de la ascensión al cielo del Maestro,  viajó fuera del Imperio Romano para predicar el Evangelio, llegando incluso hasta el Tamilakam, localizado en el sur de la India, quizá en territorio de lo que hoy es Afganistán, Murió​ en el año 52 d.C. y se asegura que predicó en Siria y en la India, donde muchas comunidades muy antiguas afirman que recibieron de él la predicación de la buena noticia.

Independientemente de la autenticidad de los escritos que se le atribuyen, y de la historicidad de los relatos sobre su predicación, lo que queda claro es que no fue alguien que se quedó en Jerusalén ni en territorio Judío, incluso que salió del territorio Romano, y que dedicó su vida a Predicar la alegría del mensaje de Jesús: Dios está con nosotros

Su personalidad era muy semejante a la de Pedro, o quizá un poco más efusiva, decía lo que pensaba y expresaba sus sentimientos de manera directa e inmediata, como decimos coloquialmente – no tenía pelos en la boca- así lo demuestran las tres intervenciones directas en que lo encontramos como actor activo, en el relato de Juan.

La primera de ellas es cuando Jesús decide ir hacia Judea, donde los judíos habían amenazado con apedrearlo, Tomás sugiere: «vayamos nosotros también, para poder morir con él».

La segunda vez que Tomás es mencionado se relata un episodio ocurrido durante la Última Cena; cuando Jesús dice: «Ustedes conocen el camino hacia donde voy», Tomás interumpe para preguntar: «¿cómo podemos saber el camino?» a lo que Cristo responde: «Yo soy el camino, la verdad y la vida».

En la tercera, Tomás, que había estado ausente en la primera aparición de Jesús a sus amigos el día de su Resurrección, se niega a admitir este hecho: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no les creeré»; ocho días después al encontrarse con ellos, Jesús invita a Tom a tocar sus heridas y el apóstol exclama: «¡Señor mío y Dios mío!»,

Pues bien, la primera pregunta es por qué es precisamente él el que aparece en este relato, recordemos que la narración de Juan está llena de detalles, y simbolismos. El carácter de Pedro, había sido descrito y detallado por Juan en una serie de situaciones, y sabemos que es decidido, fuerte, impulsivo, intolerante y totalmente apasionado por la causa del Maestro, pero por qué, en su relatos simplemente no refiere que fue Pedro, o simplemente omite su nombre? Pues porque a Juan le viene bien el juego de palabras con el apodo del “gemelo”, un gemelo es un duplicado, diríamos hoy, en forma de broma, “un clon”, y bien, el buen Tomás era apodado “el clon”, pero ninguna referencia histórica nos habla de algún hermano que fuera su gemelo… más bien, pudiera ser que el temperamento de Tomás lo hiciera un clon del mismo Pedro… y de esta manera, Juan pone en su boca estas expresiones tan fuertes.

En la primera, recordemos que Jesús había emprendido ya el gran largo viaje (final) hacia Jerusalem, pasando por territorios que tenían mucha mayor influencia por parte de los sanedrines y doctores de la Ley, con sede en Jerusalem. Había formas de llegar a la ciudad Santa sin tanto riesgo, por eso los demás apóstoles no querían atravesar Judea, pues ahí encontrarían varias poblaciones donde tenían consigna de terminar con Jesús. Pero Jesús no se inmutó, y decidió seguir su camino… es entonces cuando el impulsivo Tomás, grita, molesto por la actitud de sus compañeros: “vayamos pues con él, y si nos apedrean, que nos maten de una buena vez”… Tomás tiene muy claro que lo importante era ir con Jesús, no importaba el peligro, pero no deja de manifestar que su valentía no está ajena al temor y al peligro real que él y todos consideraban… de hecho,

Tomás no entendía lo que deseaba hacer Jesús, o por qué lo quería hacer así, pero tenía absoluta confianza en que la decisión de Jesús era lo más importante…y que lo verdaderamente importante para ellos era seguir al maestro, pasara lo que pasara…tal vez los otros se dijeron y recordaron por toda la vida que Tomás era igual de “necio” como si fuera el “duplicado”de Pedro, y que sin echar la vista atrás, no dudó en caminar con Jesús pasando por Judea… Recordemos que en ese viaje, le notifican la muerte de su amigo Lázaro, y Jesús se desvía para saludar a sus dolientes hermanas..

En la segunda intervención aparece Tomás compartiendo con Jesús y con los otros once, la cena de Pascua… Pedro había dicho  que jamás permitiría que Jesús le lavara a él los pies, y acaba pidiéndole que lo bañe todo… Jesús y los once celebran todo el ritual de Pascua, y al final Juan pone en su boca una serie de comentarios y aclaraciones que preparan a los hechos que vendrán a continuación (Jesús ora, Jesús es detenido, Jesús es condenado), Y Jesús añade: “ustedes ya conocen el camino, mi camino”…y a pesar de que todos están impresionados, el único que reacciona, es precisamente el gemelo, e interrumpe a Jesús para decirle: “ni siquiera sabemos a donde vas, cómo vamos a saber cuál es el camino…”, hay que entender que muchos de los demás apóstoles y tal vez muchos de nosotros habríamos dicho, o hemos dicho lo mismo… “Señor, tú dices que ya sé como llegar, y ni siquiera sé a donde voy…”  es cuando el Maestro, con una sonrisa nos dice con todas sus letras, “YO soy el camino” “yo soy la única VERDAD”, “yo soy todo lo que te pasa en tu VIDA”.

Aquí Juan, el narrador de estos hechos pone en boca del buen Tomás la pregunta clave, ya había hecho participar en una parte muy importante al buen Pedro, y ahora, busca la manera de enfatizar que Jesús no dejó en el aire en ese momento la verdadera finalidad de toda su existencia, y por eso pone en la mente más sabia, sencilla, directa y emotiva de Tom, la pregunta que todos nos hacemos todos los días: y además dicha de manera al estilo de un pescador sin instrucción ni educación, y que no se anda con rodeos: “ni siquiera sabemos a donde vas y ¿quieres que sigamos tus pasos?...

La respuesta de Jesús es también clara y contundente, no te me pierdas por caminos desconocidos, YO soy camino, YO soy verdad y YO soy vida… no soy teoría ni bonitos consejos, ni hermosos deseos o promesas… soy el camino que pisas, la verdad que crees y la misma vida que vives en tu dia a dia… Es por eso que Tomás no deja de recordar que Dios se hace presente en Jesús, y deja para después todo tipo de reflexiones y comentarios…

Sin embargo, el incidente que todos recordamos del buen Tomás se relaciona con su “falta de fe”, precisamente en el día de la resurrección, cuando todos reunidos, reciben la visita del Maestro, ya resucitado… ¿por qué está ausente Tom? Pues habría muchos motivos, pero el principal, es que como sabía que Jesús ya no estaba enel grupo, le dio lo mismo estar solo, meditando los hechos, que estar con los amigos, recordando detalles dolorosos, además era riesgoso que estuvieran todos juntos, Tomás era un hombre práctico. Y en esa ocasión todos estaban temerosos y nadie sabía que Jesús se fuera a hacer presente. Jesús tampoco dijo nada de su ausencia.

Cuando platican este hecho al buen Tomás, éste se muestra como siempre: totalmente comprometido con la verdad, y sin pelos en la boca ni falsas suposiciones, declara: “si yo no meto mis dedos en sus llagas y mi mano en la lanzada del costado, no voy a creer en ustedes”. No se trata de creer en Jesús, sino en los cuentos que los amigos le dicen… en verdad era cierto que su cuerpo ya no estaba en el sepulcro y que se había corrido la voz de que había hablado con algunas mujeres, Juan y Pedro habían ido a buscarlo, pero, esto de que se hubiera presentado ante todos los amigos escondidos esa misma tarde, era algo que no podía comprender…

Quizá nosotros hoy en pleno siglo XXI podemos compartir y justificar plenamente la “falta de fe de Tomás, porque estos hechos ocurridos hace veinte siglos, nos parecen como al recio Tomás un cuento de hadas, un mito, una historia o una leyenda que nadie está obligado a creer.

Pero a los ocho días, en el siguiente dia primero de la semana (domingo) Jesús se presenta, cuando está presente el buen Tom… y Jesús lo reta: “pon tus dedos dentro de mis llagas y tu mano dentro de mi costado, para que verdaderamente creas”… Jesús no le dice quédate allí, parado y desde lejos toma nota de mí, saca tu celular y tómame video… no!, le exige que meta sus dedos dentro de las llagas, y que introduzca su mano en su costado… Pensamos que Tomás era necio, pero no sabemos que Jesús también era persistente, así que, no descansó sino hasta que el pobre Tom tuvo que corroborar con sus dedos, y sus manos que las cicatrices en manos y pies existían y que su costado no había cerrado. Jesús no era una alucinación ni un fantasma, no era imaginación ni producto de la mente dolorida de sus amigos, habían pasado ocho días, y no se habían formado cicatrices, eran heridas reales y vivas, quizá todavía dejaban un rastro de sangre que tuvo que ensuciar los dedos de Tomás… sólo entonces Jesús le dice, “no seas incrédulo sino fiel” Jesús no le pide fe, porque está viendo y viviendo la realidad de su resurrección, pero le exige que sea fiel, que recuerde la promesa y que continúe dentro de esa respuesta de vida.

Lo que dice Tomás es también muy significativo, y muchas veces la dejamos sólo en calidad de una hermosa exclamación… Jesús le pide fidelidad, no solo fe, no se trata de creer en algo nuevo, sino de una fe dinámica, la fidelidad consiste en seguir creyendo… y ¿cuál es el objetivo de es fe?... no se trata de creer en el misterio o en lo maravilloso de su regreso, sino de seguir creyendo en El, en su palabra en su presencia y en su mensaje… así que Tomás dice: “Señor mío”…con lo cual reconoce la presencia real de Jesús, el resucitado es el mismo que anduvo con ellos por tres años, y al que él amaba, por eso dice “MIO”, porque no se trata de un reconocimiento a lo que estaba viendo en el presente, eso ya no requería de fe, sino simplemente de aceptar la realidad, pero al decir “mío”, está dando continuidad a toda esa larga relación de amistad y amor que había construido con Él… Jesús no era el cuerpo  físico lleno de llagas o el fenómeno viviente que estaba frente a él, sino que Tomás reconoce así al “Jesús Mio”, al Jesús de Nazaret, que predicó y curó a muchos, que él amaba, mucho tiempo atrás…

Pero Tomás no para ahí, el buen Tom, añade: “Dios MIO”, muchos de nosotros creemos que sólo es una expresión para reconocer la divinidad de Jesucristo… pero en el lenguaje, duro y profundo de Tomás, esta es una aseveración de que en este hecho, además de estar viviendo la experiencia de la resurrección de Jesús, está presente el amor del Padre, el Dios Verdadero, de Abraham Isaac y Jacob, de Moisés y Aron, de todos los profetas, reyes, y pastores de Israel   que en este hombre resucitado, está cumpliendo la promesa hecha al pueblo de Israel, la alianza sagrada que había sido por Dios a todo un pueblo, al decir “Dios Mío”, no se refiere a la persona de Jesús, sino al Padre que se ha hecho presente en Jesús, y que se sigue haciendo presente a través de la resurrección de aquel hombre a quien reconoce, por eso dice Señor Mio y Dios mío…

El personaje de Tomás no es el de uno más de los apóstoles, uno del grupo, que, con él o sin él, Jesús hubiera realizado todo lo que tenía que hacer, de hecho es Juan el que no da los detalles finos, pero, Tomás, bajo esta perspectiva se convierte en un verdadero hombre de carne y hueso, un personaje que bien pudo pertenecer a nuestro siglo XXI, No es una persona humilde y sencilla que acepta de buena fe lo que se le dice, y que se comporte adecuadamente, doble las orejas o cierre los ojos, tratando simular ser insensible, y un mediocre, con atole en las venas, todo lo contrario, al igual que el hombre del siglo XXI, no admite medias respuestas, está lleno de miedo y de valor, acepta seguir a Jesús hasta la muerte, “vamos para que también a nosotros nos apedreen”.

El que sigue a Jesús debe seguirlo así, al “cien o cero”, él se pone al frente de los doce para invitarlos a no dejar ir solo a Jesús, “vayamos con él” dice, y sabe que puede perder la vida.

Después, es un hombre que le exige al mismo Jesús, una respuesta real y contundente, sin largas explicaciones ni complejas teorías, con palabras que nadie entiende, “si no sabemos a dónde vas, ¿Cómo quieres que te sigamos?... Jesús hablaba de que el reino de los cielos era ya una realidad, hablaba de que él iba a prepararnos una morada en la casa de su Padre, Hablaba de que había que esforzarse por entrar por la puerta angosta, y de que había que tener una gran fe para actuar, pero lo que Tom quería saber es ¿COMO?... para poder hacerlo de inmediato

Tomás forzó a Jesús a hablar claro, a decir, lo forzó a decir que Él, es el Camino, que Él es la Verdad, que Él es Vida, esto tiene su importancia… pero sobre todo tiene una profundidad que ningún otro de los apóstoles fue capaz de atreverse a hacerlo.

En fin, el buen Tom no dejó solo en una historia bonita todo lo que aprendió, él tomó al pie de la letra las órdenes de Jesús, “vayan por todo el mundo a predicar la buena noticia, y bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu. A pesar de que según la tradición murió atravesado por una lanza en el año 52, en el siglo cuarto, cuatrocientos años después,  la Iglesia con sede ya en Roma y con una gran influencia de Constantinopla, recibió noticias de las iglesias que fueron iniciadas en Siria y en la India, precisamente por Tomás, y evidentemente con una serie de situaciones que marcaban grandes diferencias, el hecho es que fueron aceptadas, aunque se perdió algo de la tradición de las enseñanzas de Tomás.

Pero tan grande fue el impacto de la predicación de Tomás en muchos países europeos, como en misma España, que existen reminiscencias que han trasladado el océano con leyendas de la presencia del apóstol en tierras americanas antes de la llegada de los conquistadores, lo cual es totalmente inaceptable.

En el siglo XVII en México, Carlos de Sigüenza y Góngora  el matemático e historiador  defendió que “Santo Tomás había predicado en las Indias americanas y no en la India, y que su recuerdo se habría transformado en los nativos prehispánicos en la figura de Quetzalcóatl”. Ignacio Borunda,​ retomó estas teorías, que identifican a Santo Tomás con Quetzalcóatl, asegurando además, que el manto de la Virgen de Guadalupe era en realidad la capa de Santo Tomás suposiciones y fantasía aceptadas y defendidas inclusive por el padre  Servando Teresa de Mier en 1794, lo cual obligó a las autoridades de la Iglesia a desautorizar totalmente, por extravagante la teoría de que el apóstol Santo Tomás estuvo en la América del siglo primero​.

También en Paraguay un antiguo relato indígena narra que, mucho tiempo antes de la llegada de los conquistadores europeos, anduvo por América un hombre alto, de barba blanca y gran sabio, llamado Sumé o Tumé que vino a enseñar el arte de la agricultura, a sembrar el maíz y la mandioca y sobre todo enseñó las virtudes. Sumé es un héroe cultural en la tradición de los guaraníes, adaptado por los primeros misioneros cristianos, quienes lo identificaron con Santo Tomás, que se había “adelantado para preparar la venida de ellos”.  Ricardo Palma, El escritor peruano autor de las llamadas Tradiciones Peruanas realizada en el siglo XIX, escribió una donde recoge la idea de que Santo Tomás también estuvo en el Perú.

La personalidad de Tomás, y su impulsiva actividad fue sin duda una de los elementos más fuertes e importantes para el desarrollo de la primitiva Iglesia, su influencia y su carácter quedó dibujado en los relatos evangélicos, y no solo como anecdóticos, sino como parte esencial de la manera de ser que debe tener el verdadero seguidor de Jesús. La Iglesia que nos ha recibido a todos nosotros no es la de un cuerpo burocrático enredado en dogmas y obligaciones, sino la de hombres que como Tomás estuvieron dispuestos a seguir a Jesús, y que exigieron pruebas para poder creer. Ojalá que todos nosotros, hoy, en pleno siglo XX, tuviéramos la fuerza, decisión y valentía para pedirle al Señor que nos mostrara sus llagas ensangrentadas. Ese sería el primer paso para verdaderamente tomar en serio nuestra fe y nuestra religión. Tomás a pesar de haber conocido a Jesús desde niño, y de haber estado a su lado durante los tres años que duró su predicación, no les creyó a sus amigos, es como nosotros, necesitamos como él, ver su llagas, meter los dedos en los agujeros que dejaron los clavos y nuestra mano en su costado, para saber que es Él… ojalá todos tengamos oportunidad de hacerlo a través de nuestros hermanos masacrados por el dolor y la falta de amor y de esperanza.  

Los otros grandes Tomases

Existe el gran Tomás de Aquino, que vivió en Italia en los años 1220, hijo de una familia de ascendencia germana,  fue fraile dominico, estudió en Nápoles, fue secuestrado por su propia familia que lo quería al frente de la abadía de Montecasino, huyó a París donde fue discípulo de Alejandro de Hales y de Alejandro Magno, y estudió de lleno la Filosofía. Muchos lo consideran el más grande pensador cristiano de todos los tiempo, en la escuela lo apodaban “el buey mudo” cuando fue mayor de edad, era tan gordito que en su espacio en la mesa, habían hecho un recorte circular para que cupiera su panza…pero era un hombre que nunca hablaba y menos para decir tonterías…un mes antes de morir, tuvo una visión de Jesús y después de esto, solo dijo que todo lo que había escrito era pura basura… Fue autor de dos grandes libros a las que se les ha llamado “suma”, una (la Suma Teológica) tiene por objeto explicar las verdades religiosas de una manera ordenada clara y muy precisa , y la otra. (La Suma contra Gentiles),  tiene por objeto combatir los errores más comunes en las doctrinas religiosas no católicas desde los griegos hasta su tiempo, pero todavía es un instrumento excelente para este fin.

El otro gran Tomás es Tomás Becket, que más o menos en el año 1100 fue obispo en Inglaterra,  noble, político y religioso, arzobispo de Canterbury entre 1162 y 1170;  lord canciller del Reino de Inglaterra. Fue asesinado tras entrar en fuerte conflicto religoso con Enrique II por la defensa de los intereses de la Iglesia católica inglesa,

Trescientos años después surge, también en Inglaterra  la figura de Tomás Moro, otro santo inglés, que  también fue un pensador, teólogopolíticohumanista y escritor, poeta y traductor, también fue lord canciller del rey Enrique VIII, profesor de leyes, juez de negocios civiles y abogado. Su obra más famosa se llama la Utopía, también se opuso a las pretensiones del rey: a su divorcio con la reina Catalina de Aragón y a prestar el juramento contra el papa aceptando el Acta de Supremacía, que declaraba al rey inglés como cabeza de la nueva Iglesia Anglicana. Muchos confunden las historias de estos dos grandes personajes de la historia de Inglaterra, hombres de letras, cancilleres y que enfrentaron a su respectivo Rey en su tiempo

Tomás de Kempis

Tomás de Villanueva

Tomás Cantelupe

Tomás Garnet

Tomás Khuhong

Tomás Toan