Hace unos días festejamos a los TOMASES… en realidad fue la
fiesta de santo Tomás, el gemelo… es decir uno de los doce amigos de Jesús.
Pera empezar, debemos tener muy claro a quién nos referimos, porque hay muchos
santos con este mismo nombre, y como mucha gente no explica o no sabe quien es
el patrono que le corresponde, puede vivir en la ignorancia toda la vida. Al
final de este texto relato brevemente el CV de los algunos otros célebres
santos Tomas.
Pero el Tomás que nos
ocupa hoy es el amigo de Jesús, uno de los doce… su nombre en arameo
significa “gemelo”, por lo que decir que Tomás era apodado “el gemelo” resulta
una duplicidad, porque tanto Tomás, (Tau ma, en arameo) como Dídimo (en griego),
significan lo mismo: gemelo o mellizo, quizá la confusión viene en las
traducciones, porque en Arameo su nombre se pronuncia “Tow ma” y por
sobrenombre le decían “To-mo”
Existe un evangelio apócrifo encontrado en Siria, en él, se
presenta como Judas Tomás, y además la tradición en ese sentido lo identifica
como uno de los cuatro hermanos carnales o primos, familiares más cercanos a
Jesús. El supuesto evangelio de Tomás nunca fue considerado como uno de los
cuatro aceptados (canónicos); menciona básicamente 114 dichos o enseñanzas
directas de Jesús, pero sin un contexto
de narración contextual de hechos… en esos escritos “Tomás insiste mucho en afirmar
de que “el reino de Dios está en nosotros”
Tomás, después de la ascensión al cielo del Maestro, viajó fuera del Imperio
Romano para predicar el Evangelio, llegando incluso hasta
el Tamilakam, localizado en el sur de la
India, quizá en territorio de lo que hoy es Afganistán, Murió en el año 52
d.C. y se asegura que predicó en Siria y en la India, donde muchas comunidades
muy antiguas afirman que recibieron de él la predicación de la buena noticia.
Independientemente de la autenticidad de los escritos que se le
atribuyen, y de la historicidad de los relatos sobre su predicación, lo que
queda claro es que no fue alguien que se quedó en Jerusalén ni en territorio
Judío, incluso que salió del territorio Romano, y que dedicó su vida a Predicar
la alegría del mensaje de Jesús: Dios está con nosotros
Su personalidad era muy semejante a la de Pedro, o quizá un poco
más efusiva, decía lo que pensaba y expresaba sus sentimientos de manera
directa e inmediata, como decimos coloquialmente – no tenía pelos en la boca-
así lo demuestran las tres intervenciones directas en que lo encontramos como
actor activo, en el relato de Juan.
La primera de ellas es cuando Jesús decide ir hacia Judea, donde
los judíos habían amenazado con apedrearlo, Tomás sugiere: «vayamos nosotros
también, para poder morir con él».
La segunda vez que Tomás es mencionado se relata un episodio
ocurrido durante la Última Cena; cuando Jesús dice: «Ustedes conocen el camino
hacia donde voy», Tomás interumpe para preguntar: «¿cómo podemos saber el
camino?» a lo que Cristo responde: «Yo soy el camino, la verdad y la vida».
En la tercera, Tomás, que había estado ausente en la primera
aparición de Jesús a sus amigos el día de su Resurrección, se niega a admitir este
hecho: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, meto mi dedo en el lugar
de los clavos, y meto mi mano en su costado, no les creeré»; ocho días después
al encontrarse con ellos, Jesús invita a Tom a tocar sus heridas y el apóstol
exclama: «¡Señor mío y Dios mío!»,
Pues bien, la primera pregunta es por qué es
precisamente él el que aparece en este relato, recordemos que la narración de
Juan está llena de detalles, y simbolismos. El carácter de Pedro, había sido
descrito y detallado por Juan en una serie de situaciones, y sabemos que es
decidido, fuerte, impulsivo, intolerante y totalmente apasionado por la causa
del Maestro, pero por qué, en su relatos simplemente no refiere que fue Pedro,
o simplemente omite su nombre? Pues porque a Juan le viene bien el juego de
palabras con el apodo del “gemelo”, un gemelo es un duplicado, diríamos hoy, en
forma de broma, “un clon”, y bien, el buen Tomás era apodado “el clon”, pero
ninguna referencia histórica nos habla de algún hermano que fuera su gemelo…
más bien, pudiera ser que el temperamento de Tomás lo hiciera un clon del mismo
Pedro… y de esta manera, Juan pone en su boca estas expresiones tan fuertes.
En la primera, recordemos que Jesús había
emprendido ya el gran largo viaje (final) hacia Jerusalem, pasando por territorios
que tenían mucha mayor influencia por parte de los sanedrines y doctores de la
Ley, con sede en Jerusalem. Había formas de llegar a la ciudad Santa sin tanto
riesgo, por eso los demás apóstoles no querían atravesar Judea, pues ahí
encontrarían varias poblaciones donde tenían consigna de terminar con Jesús.
Pero Jesús no se inmutó, y decidió seguir su camino… es entonces cuando el
impulsivo Tomás, grita, molesto por la actitud de sus compañeros: “vayamos pues
con él, y si nos apedrean, que nos maten de una buena vez”… Tomás tiene muy
claro que lo importante era ir con Jesús, no importaba el peligro, pero no deja
de manifestar que su valentía no está ajena al temor y al peligro real que él y
todos consideraban… de hecho,
Tomás no entendía lo que deseaba hacer Jesús, o
por qué lo quería hacer así, pero tenía absoluta confianza en que la decisión de
Jesús era lo más importante…y que lo verdaderamente importante para ellos era
seguir al maestro, pasara lo que pasara…tal vez los otros se dijeron y
recordaron por toda la vida que Tomás era igual de “necio” como si fuera el
“duplicado”de Pedro, y que sin echar la vista atrás, no dudó en caminar con
Jesús pasando por Judea… Recordemos que en ese viaje, le notifican la muerte de
su amigo Lázaro, y Jesús se desvía para saludar a sus dolientes hermanas..
En la segunda intervención aparece Tomás
compartiendo con Jesús y con los otros once, la cena de Pascua… Pedro había
dicho que jamás permitiría que Jesús le
lavara a él los pies, y acaba pidiéndole que lo bañe todo… Jesús y los once
celebran todo el ritual de Pascua, y al final Juan pone en su boca una serie de
comentarios y aclaraciones que preparan a los hechos que vendrán a continuación
(Jesús ora, Jesús es detenido, Jesús es condenado), Y Jesús añade: “ustedes ya
conocen el camino, mi camino”…y a pesar de que todos están impresionados, el
único que reacciona, es precisamente el gemelo, e interrumpe a Jesús para
decirle: “ni siquiera sabemos a donde vas, cómo vamos a saber cuál es el
camino…”, hay que entender que muchos de los demás apóstoles y tal vez muchos
de nosotros habríamos dicho, o hemos dicho lo mismo… “Señor, tú dices que ya sé
como llegar, y ni siquiera sé a donde voy…”
es cuando el Maestro, con una sonrisa nos dice con todas sus letras, “YO
soy el camino” “yo soy la única VERDAD”, “yo soy todo lo que te pasa en tu
VIDA”.
Aquí Juan, el narrador de estos hechos pone en
boca del buen Tomás la pregunta clave, ya había hecho participar en una parte
muy importante al buen Pedro, y ahora, busca la manera de enfatizar que Jesús
no dejó en el aire en ese momento la verdadera finalidad de toda su existencia,
y por eso pone en la mente más sabia, sencilla, directa y emotiva de Tom, la
pregunta que todos nos hacemos todos los días: y además dicha de manera al
estilo de un pescador sin instrucción ni educación, y que no se anda con
rodeos: “ni siquiera sabemos a donde vas y ¿quieres que sigamos tus pasos?...
La respuesta de Jesús es también clara y
contundente, no te me pierdas por caminos desconocidos, YO
soy camino, YO soy verdad y YO soy vida… no soy teoría ni bonitos consejos,
ni hermosos deseos o promesas… soy el camino que pisas, la verdad que crees y la
misma vida que vives en tu dia a dia… Es por eso que Tomás no deja de recordar
que Dios se hace presente en Jesús, y deja para después todo tipo de
reflexiones y comentarios…
Sin embargo, el incidente que todos recordamos
del buen Tomás se relaciona con su “falta de fe”, precisamente en el día de la
resurrección, cuando todos reunidos, reciben la visita del Maestro, ya
resucitado… ¿por qué está ausente Tom? Pues habría muchos motivos, pero el
principal, es que como sabía que Jesús ya no estaba enel grupo, le dio lo mismo
estar solo, meditando los hechos, que estar con los amigos, recordando detalles
dolorosos, además era riesgoso que estuvieran todos juntos, Tomás era un hombre
práctico. Y en esa ocasión todos estaban temerosos y nadie sabía que Jesús se
fuera a hacer presente. Jesús tampoco dijo nada de su ausencia.
Cuando platican este hecho al buen Tomás, éste se
muestra como siempre: totalmente comprometido con la verdad, y sin pelos en la
boca ni falsas suposiciones, declara: “si yo no meto mis dedos en sus llagas y
mi mano en la lanzada del costado, no voy a creer en ustedes”. No se trata de
creer en Jesús, sino en los cuentos que los amigos le dicen… en verdad era
cierto que su cuerpo ya no estaba en el sepulcro y que se había corrido la voz
de que había hablado con algunas mujeres, Juan y Pedro habían ido a buscarlo, pero,
esto de que se hubiera presentado ante todos los amigos escondidos esa misma
tarde, era algo que no podía comprender…
Quizá nosotros hoy en pleno siglo XXI podemos
compartir y justificar plenamente la “falta de fe de Tomás, porque estos hechos
ocurridos hace veinte siglos, nos parecen como al recio Tomás un cuento de
hadas, un mito, una historia o una leyenda que nadie está obligado a creer.
Pero a los ocho días, en el siguiente dia primero
de la semana (domingo) Jesús se presenta, cuando está presente el buen Tom… y
Jesús lo reta: “pon tus dedos dentro de mis llagas y tu mano dentro de mi
costado, para que verdaderamente creas”… Jesús no le dice quédate allí, parado
y desde lejos toma nota de mí, saca tu celular y tómame video… no!, le exige
que meta sus dedos dentro de las llagas, y que introduzca su mano en su
costado… Pensamos que Tomás era necio, pero no sabemos que Jesús también era persistente,
así que, no descansó sino hasta que el pobre Tom tuvo que corroborar con sus
dedos, y sus manos que las cicatrices en manos y pies existían y que su costado
no había cerrado. Jesús no era una alucinación ni un fantasma, no era
imaginación ni producto de la mente dolorida de sus amigos, habían pasado ocho
días, y no se habían formado cicatrices, eran heridas reales y vivas, quizá
todavía dejaban un rastro de sangre que tuvo que ensuciar los dedos de Tomás…
sólo entonces Jesús le dice, “no seas incrédulo sino fiel” Jesús no le pide fe,
porque está viendo y viviendo la realidad de su resurrección, pero le exige que
sea fiel, que recuerde la promesa y que continúe dentro de esa respuesta de
vida.
Lo que dice Tomás es también muy significativo, y
muchas veces la dejamos sólo en calidad de una hermosa exclamación… Jesús le
pide fidelidad, no solo fe, no se trata de creer en algo nuevo, sino de una fe
dinámica, la fidelidad consiste en seguir creyendo… y ¿cuál es el objetivo de
es fe?... no se trata de creer en el misterio o en lo maravilloso de su
regreso, sino de seguir creyendo en El, en su palabra en su presencia y en su
mensaje… así que Tomás dice: “Señor mío”…con lo cual reconoce la presencia real
de Jesús, el resucitado es el mismo que anduvo con ellos por tres años, y al
que él amaba, por eso dice “MIO”, porque no se trata de un reconocimiento a lo
que estaba viendo en el presente, eso ya no requería de fe, sino simplemente de
aceptar la realidad, pero al decir “mío”, está dando continuidad a toda esa
larga relación de amistad y amor que había construido con Él… Jesús no era el
cuerpo físico lleno de llagas o el
fenómeno viviente que estaba frente a él, sino que Tomás reconoce así al “Jesús
Mio”, al Jesús de Nazaret, que predicó y curó a muchos, que él amaba, mucho
tiempo atrás…
Pero Tomás no para ahí, el buen Tom, añade: “Dios
MIO”, muchos de nosotros creemos que sólo es una expresión para reconocer la
divinidad de Jesucristo… pero en el lenguaje, duro y profundo de Tomás, esta es
una aseveración de que en este hecho, además de estar viviendo la experiencia
de la resurrección de Jesús, está presente el amor del Padre, el Dios
Verdadero, de Abraham Isaac y Jacob, de Moisés y Aron, de todos los profetas,
reyes, y pastores de Israel que en este hombre resucitado, está cumpliendo
la promesa hecha al pueblo de Israel, la alianza sagrada que había sido por
Dios a todo un pueblo, al decir “Dios Mío”, no se refiere a la persona de
Jesús, sino al Padre que se ha hecho presente en Jesús, y que se sigue haciendo
presente a través de la resurrección de aquel hombre a quien reconoce, por eso
dice Señor Mio y Dios mío…
El personaje de Tomás no es el de uno más de los
apóstoles, uno del grupo, que, con él o sin él, Jesús hubiera realizado todo lo
que tenía que hacer, de hecho es Juan el que no da los detalles finos, pero,
Tomás, bajo esta perspectiva se convierte en un verdadero hombre de carne y
hueso, un personaje que bien pudo pertenecer a nuestro siglo XXI, No es una
persona humilde y sencilla que acepta de buena fe lo que se le dice, y que se
comporte adecuadamente, doble las orejas o cierre los ojos, tratando simular
ser insensible, y un mediocre, con atole en las venas, todo lo contrario, al
igual que el hombre del siglo XXI, no admite medias respuestas, está lleno de
miedo y de valor, acepta seguir a Jesús hasta la muerte, “vamos para que
también a nosotros nos apedreen”.
El que sigue a Jesús debe seguirlo así, al “cien
o cero”, él se pone al frente de los doce para invitarlos a no dejar ir solo a
Jesús, “vayamos con él” dice, y sabe que puede perder la vida.
Después, es un hombre que le exige al mismo Jesús,
una respuesta real y contundente, sin largas explicaciones ni complejas teorías,
con palabras que nadie entiende, “si no sabemos a dónde vas, ¿Cómo quieres que
te sigamos?... Jesús hablaba de que el reino de los cielos era ya una realidad,
hablaba de que él iba a prepararnos una morada en la casa de su Padre, Hablaba
de que había que esforzarse por entrar por la puerta angosta, y de que había
que tener una gran fe para actuar, pero lo que Tom quería saber es ¿COMO?... para
poder hacerlo de inmediato
Tomás forzó a Jesús a hablar claro, a decir, lo
forzó a decir que Él, es el Camino, que Él es la Verdad, que Él es Vida, esto
tiene su importancia… pero sobre todo tiene una profundidad que ningún otro de
los apóstoles fue capaz de atreverse a hacerlo.
En fin, el buen Tom no dejó solo en una historia
bonita todo lo que aprendió, él tomó al pie de la letra las órdenes de Jesús,
“vayan por todo el mundo a predicar la buena noticia, y bautícenlos en el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu. A pesar de que según la tradición murió
atravesado por una lanza en el año 52, en el siglo cuarto, cuatrocientos años
después, la Iglesia con sede ya en Roma
y con una gran influencia de Constantinopla, recibió noticias de las iglesias
que fueron iniciadas en Siria y en la India, precisamente por Tomás, y
evidentemente con una serie de situaciones que marcaban grandes diferencias, el
hecho es que fueron aceptadas, aunque se perdió algo de la tradición de las
enseñanzas de Tomás.
Pero tan grande fue el impacto de la predicación
de Tomás en muchos países europeos, como en misma España, que existen
reminiscencias que han trasladado el océano con leyendas de la presencia del
apóstol en tierras americanas antes de la llegada de los conquistadores, lo
cual es totalmente inaceptable.
En el
siglo XVII en México, Carlos de Sigüenza y
Góngora el matemático e historiador defendió que “Santo Tomás había predicado en
las Indias americanas y no en la India, y que su recuerdo se habría
transformado en los nativos prehispánicos en la figura de Quetzalcóatl”. Ignacio Borunda, retomó estas teorías, que
identifican a Santo Tomás con Quetzalcóatl, asegurando además, que el manto de
la Virgen de Guadalupe era
en realidad la capa de Santo Tomás suposiciones y fantasía aceptadas y
defendidas inclusive por el padre Servando Teresa de Mier en
1794, lo cual obligó a las autoridades de la Iglesia a desautorizar totalmente,
por extravagante la teoría de que el apóstol Santo Tomás estuvo en la América del
siglo primero.
También en
Paraguay un antiguo relato indígena narra que, mucho tiempo antes de la llegada
de los conquistadores europeos, anduvo por América un hombre alto, de barba
blanca y gran sabio, llamado Sumé o Tumé que vino a enseñar el arte de la
agricultura, a sembrar el maíz y la mandioca y sobre todo enseñó las virtudes.
Sumé es un héroe cultural en la tradición de los guaraníes, adaptado por los
primeros misioneros cristianos, quienes lo identificaron con Santo Tomás, que
se había “adelantado para preparar la venida de ellos”. Ricardo Palma, El escritor peruano autor de las llamadas Tradiciones Peruanas realizada
en el siglo XIX, escribió una
donde recoge la idea de que Santo Tomás también estuvo en el Perú.
La personalidad
de Tomás, y su impulsiva actividad fue sin duda una de los elementos más
fuertes e importantes para el desarrollo de la primitiva Iglesia, su influencia
y su carácter quedó dibujado en los relatos evangélicos, y no solo como anecdóticos,
sino como parte esencial de la manera de ser que debe tener el verdadero
seguidor de Jesús. La Iglesia que nos ha recibido a todos nosotros no es la de
un cuerpo burocrático enredado en dogmas y obligaciones, sino la de hombres que
como Tomás estuvieron dispuestos a seguir a Jesús, y que exigieron pruebas para
poder creer. Ojalá que todos nosotros, hoy, en pleno siglo XX, tuviéramos la fuerza,
decisión y valentía para pedirle al Señor que nos mostrara sus llagas
ensangrentadas. Ese sería el primer paso para verdaderamente tomar en serio
nuestra fe y nuestra religión. Tomás a pesar de haber conocido a Jesús desde
niño, y de haber estado a su lado durante los tres años que duró su
predicación, no les creyó a sus amigos, es como nosotros, necesitamos como él,
ver su llagas, meter los dedos en los agujeros que dejaron los clavos y nuestra
mano en su costado, para saber que es Él… ojalá todos tengamos oportunidad de
hacerlo a través de nuestros hermanos masacrados por el dolor y la falta de
amor y de esperanza.
Los otros grandes Tomases
Existe el gran Tomás de Aquino, que vivió
en Italia en los años 1220, hijo de una familia de ascendencia germana, fue fraile dominico, estudió en Nápoles, fue
secuestrado por su propia familia que lo quería al frente de la abadía de
Montecasino, huyó a París donde fue discípulo de Alejandro de Hales y de
Alejandro Magno, y estudió de lleno la Filosofía. Muchos lo consideran el más
grande pensador cristiano de todos los tiempo, en la escuela lo apodaban “el
buey mudo” cuando fue mayor de edad, era tan gordito que en su espacio en la
mesa, habían hecho un recorte circular para que cupiera su panza…pero era un
hombre que nunca hablaba y menos para decir tonterías…un mes antes de morir,
tuvo una visión de Jesús y después de esto, solo dijo que todo lo que había
escrito era pura basura… Fue autor de dos grandes libros a las que se les ha
llamado “suma”, una (la Suma Teológica) tiene por objeto explicar las verdades
religiosas de una manera ordenada clara y muy precisa , y la otra. (La Suma
contra Gentiles), tiene por objeto
combatir los errores más comunes en las doctrinas religiosas no católicas desde
los griegos hasta su tiempo, pero todavía es un instrumento excelente para este
fin.
El otro gran Tomás es Tomás Becket, que más o
menos en el año 1100 fue obispo en Inglaterra, noble, político y
religioso, arzobispo de Canterbury entre 1162 y
1170; lord canciller del Reino de Inglaterra. Fue asesinado tras entrar
en fuerte conflicto religoso con Enrique II por la defensa de los
intereses de la Iglesia católica inglesa,
Trescientos años después surge, también en
Inglaterra la figura de Tomás Moro, otro
santo inglés, que también fue un
pensador, teólogo, político, humanista y escritor,
poeta
y traductor,
también fue lord canciller del rey Enrique VIII,
profesor de leyes, juez de negocios civiles y abogado.
Su obra más famosa se llama la Utopía, también se opuso a las pretensiones del
rey: a su divorcio con la reina Catalina de Aragón y a prestar el juramento
contra el papa aceptando el Acta de Supremacía, que declaraba al rey inglés
como cabeza de la nueva Iglesia Anglicana. Muchos confunden las historias de estos
dos grandes personajes de la historia de Inglaterra, hombres de letras,
cancilleres y que enfrentaron a su respectivo Rey en su tiempo
Tomás de Kempis
Tomás de Villanueva
Tomás Cantelupe
Tomás Garnet
Tomás Khuhong
Tomás Toan