Judas es sin duda alguna uno de los doce fundadores de la Iglesia Católica… fue llamado directamente por Jesucristo para ser uno de sus doce apóstoles o seguidores… El era hermano de Santiago, y por lo tanto primo hermano de Jesús…
Los que no aceptan la virginidad de María, mencionan a Judas como “un hermano carnal” de Jesús (o sea hijo de María). El hecho es que en el pueblo donde creció Jesús se conocía a Juditas como uno de los de su familia, se crió con Jesús y compartió su vida desde niño en Nazareth. Probablemente Judas, Santiago y Jesús fueron educados en la misma manera y por las mismas personas, eran especialmente practicantes de la Ley y conocedores de la tradición judía. Santiago hasta el dia de su muerte fue considerado un hombre justo, y practicaba la oración de manera digna de llamar la atención… Judas no podía ser muy diferente a su hermano Santiago, pero era más impulsivo, y buscaba la acción inmediata.
Cuando fue mayor, el gran amigo de Judas era precisamente (el apóstol) Simón, no el gran Simón al que Jesús le cambió el nombre y le puso “piedra” o Pedro, para hacerlo cabeza de la Iglesia,… sino el otro (apostol) Simón, aparentemente cananeo… Simón, antes de ser invitado por Jesús para ser su “seguidor”, era todo un fariseo, los fariseos eran judíos radicales que tenían toda la fe en el cumplimiento de las promesas de Dios hechas al pueblo de Israel… pero el concepto de Simón era totalmente materialista, al igual que todos los fariseos creía que estaban muy próximos los tiempos en que el pueblo judío había de ser liberado de los romanos, que debía de haber un gran líder religioso y guerrero que iba a desenmascarar a los falsos gobernantes de Judea y que se iba a sacudir el yugo de la imposición Romana. Los Fariseos también atribuían todas las desgracias del pueblo de Israel, precisamente al hecho de que la gente vivía en pecado y fuera de la Ley, porque sus dirigentes religiosos se habían prostituido, y no denunciaban todos los abusos del gobierno de Herodes ni enseñaban la verdadera doctrina al pueblo.
Simón y Judas pertenecían a un grupo radical llamado “de los zelotes” o sea de los “celosos”, es decir, eran muy observantes de la Ley judía, no soportaban que los sacerdotes y todo el sanedrín, estuviera en contubernio con el gobierno ilegítimo de Herodes, y pretendían organizar a la gente para dar un golpe de estado… el grave problema era la represión sanguinaria que ejercían los romanos que apoyaban a Herodes. Antes de seguir a Jesús, por iniciativa de otro Judas, Judas de Gamala y del famoso fariseo Sadduk, Judas y Simón organizan un partido de oposición que pretendía derrocar a Herodes. Judas era un hombre lleno de fortaleza carisma y de intuición, y no podía quedarse sin hacer nada ante tanta injusticia que se vivía… llevaba en la sangre la pasión por hacer realidad el Reino de Dios en todos los sentidos: político, militar y religioso, y estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para salvar a su pueblo… fue entonces cuando conoció a Jesús, y empezó a descubrir una nueva manera de entender la salvación.
Sí, para Judas, durante los tres años en que vivió siguiendo los pasos del Maestro, existió una cambio profundo, al convertir todo ese odio y resentimiento que llevaba contra los falsos líderes religiosos, y contra todo el poder de los romanos, convertirlo en una nueva misión que era el perdón y el amor… por ello su lema fundamental fue que “la Fe sin obras de nada sirve, de nada vale”…
Judas se fue transformado internamente y de manera total por el pensamiento y la acción (el ejemplo) de Jesús… el deseo de justicia, se convirtió en un deseo inmenso de perdonar, aceptar y a amar a todos, como hijos de Dios, y como verdaderos hermanos.
Judas encontró en su gran amigo Simón al gran compañero. Juntos, después de la muerte y resurrección de Jesús, fueron hacia Persia, para predicar la buena noticia de que Jesús había resucitado, y que su mensaje de amor podía transformar al mundo.
Escribió una carta (Epístola) en la que se demuestra que tenía un gran conocimiento de la Tradición Judía, y que dominaba el griego popular, en esta carta se enfrenta a los "gnósticos" o "iluminados", que no solo atacaban a la naciente Iglesia, sino que despreciaban a todas las corrientes de pensamiento llamándolas carnales o psiquicas... por eso Judas, en su carta, refuerza su predicación en torno a exigir la vivencia del amor y la caridad entre los creyentes. Al igual que el pensamiento de Juan, se centra en el Amor convertido en obras.
La tradición, nos dice que San Simón y San Judas fueron martirizados en Persia. Afirma la leyenda que los templos de la ciudad de Suamir se veneraba a infinidad de ídolos de piedra. Judas y Simón llegaron a esta ciudad a predicar; de inmediato fueron apresados. Simón fue conducido al templo del Sol y Judas al templo de la Luna, para que cada cual adorara a estas divinidades. Pero ante la presencia de los dos apóstoles, los ídolos se derrumbaron estrepitosamente y de sus figuras desmoronadas salieron, dando gritos rabiosos, muchos demonios adoptando formas de etíopes.
Los sacerdotes paganos se revolvieron contra los dos apóstoles y dieron órdenes a los soldados para que los despedazaron (descuartizaran). Simón Murió cortado en dos mitades y Judas, murió degollado junto con Simón su gran amigo.
Lo representan por lo general vestido con un manto verde y amarillo y con gran medallón en el pecho, el manto es semejante al de San José, y simboliza la esperanza del pueblo de Israel y su inquebrantable Fe en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob; el medallón es signo de su gran corazón, comprometido con el amor. Las figuras antiguas presentan a Simón con una sierra en la mano y a Judas con una hacha en la mano, ya que al primero lo cortaron por mitad y a Judas lo decapitaron.
Judas supo dar su sangre por predicar el Amor de Cristo… Un amor que se convierte en hechos, en acciones reales y directas, en la predicación por medio del ejemplo…
Bendito San Judas, enséñanos hoy que la fe, sin acciones a favor de nuestros hermanos, no sirve de nada; que nuestro cristianismo sin acción y sin compromiso no sirve para nada. Reaviva nuestra Fe, nuestra capacidad de entrega al servicio de los más pobres y necesitados y enseñanos a amar a nuestros hermanos.