Cuando nos acercamos a un “Santo”, para “rezarle” o pedirle favores, en realidad estamos aprovechando sólo una mínima parte de lo que dicho santo nos da.

De hecho, los santos son una parte viva e integrante de nuestra Iglesia católica romana, aunque nos cueste reconocerlo y darnos cuenta, TODO EL TIEMPO vivimos totalmente unidos y en perfecta comunicación con todos y cada uno de los santos…

Decir que “cada quien SU santo”, es una frase o una idea muy discutible, que nos hace pensar que el hecho de creer es algo personal y que depende de nuestra propia conciencia y de nuestra propia libertad…, todavía más, pensamos que la solución de nuestro problema depende de nuestra voluntad de creer… lo cual induce a pensar que es un acto personal o privado, de “cada quien”.
Nada más erróneo, por una parte la fe es un don, es algo dado, recibido, un regalo que no depende de nosotros, creemos gracias a una primera experiencia
que es un hecho que no depende de nosotros

Por otra parte, al conectarnos espiritualmente a un santo, nos estamos uniendo a toda la Iglesia de todo el mundo y del cielo, no puede haber fuerza más poderosa que la unión con todos los creyentes de todo el mundo y a todos los santos del cielo.

sábado, 7 de febrero de 2026

Felipillo... Nuestro primer testigo

 EL 5 DE FEBRERO en México se celebra la conmemoracíón del primer valiente mexicano misionero que dio la vida por amor a Cristo, esto fue en tierras del Japón en 1597. 


Felipe de las Casas era un chavo que había sido NINI... ni estudiaba ni trabajaba... hijo de un gran comerciante, se la pasaba en el reven... cansado de que no hacía nada, su papi lo mandó a hacer negocios a Manila, en las Islas Filipinas, al otro lado del charco, al otro lado del mundo... fue ahi, que decepcionado de no poder encontrar a la chava de sus sueños, empezó a interesarse de nuevo en la vida de los franciscanos (en México ya había intentado una vez entrar a un convento en Puebla, pero no le gustó)


Ingresó pues, como fraile a un convento en Manila (Filipinas) y en unos cuantos años, después de haber estudiado lo suficiente, sus superiores por fin le anunciaron que ya podía ser ordenado como sacerdote católico... la ceremonia se haría en México, por lo que tuvo que tomar un barco para regresar a su país...


El barco fue atrapado por una tormenta tropical que se convirtió en huracán o en tifón... y la embarcación a punto de quedar destrozada fue a parar a las costas de Japón... En Japón el emperador era considerado como un dios, estaba tratando de combatir a las nuevas religiones (en especial la católica cristiana), que habían llegado a sus tierras... había orden de expulsar a todos los misioneros y de castigar a los que se convirtieran a la nueva FE allá en Japón. 


No obstante los conventos franciscanos eran muy respetados por los japoneses, había orden de cerrarlos... En ellos se enseñaba a leer, a trabajar y a vivir en paz, había un ambiente de gran fraternidad y de respeto sin violencia no se enseñaban artes marciales y mucho menos a adorar al sol ni al emperador... y esto preocupaba a las autoridades. 


Cuando el barco encalló en tierras Japonesas, los franciscanos que viajaban con Felipe fueron a encontrarse con otros frailes en un convento franciscano... en ese entonces había ya orden de desalojar ese convento y de detener a todos los que en él se encontraran, y de que fueran castigados y que fueran llevados a otros pueblos antes de matarlos, para que sirvieran como escarmiento a todos los pobladores de esa región del Japón. 


En el caso de los Frailes, como eran extranjeros, pudieron haberse salvado pidiendo armistía y huyendo, pero ninguno quiso abandonar a sus hermanos recién convertidos al cristianismo a los que seguramente iban a castigar y a matar... Felipe fue el primero que marchó con ellos hacia su martirio. Felipe tenía 24 años, y desde que fue arrestado, cantaba salmos y alegres canciones bendiciendo a Dios...


El 3 de enero de 1597, en Meako, se les cortó a los reos cristianos la mitad de la oreja izquierda y, de tres en tres, fueron llevados por la ciudad en carretas, precedidas por el edicto en el que se anunciaba su muerte. Queriendo el emperador infundir asi en sus súbditos horror al cristianismo, dispuso que fueran llevados por Hirosima y Yamaguchi, hacia el este, hasta Nagasaki, en la isla Kyushu, donde era muy grande la presencia de cristianos. 


Allí, en una colina que domina sobre la ciudad y la bahía, fueron colocados frente a las cruces que les habían preparado. 26 mártires fueron crucificados, entre ellos había franciscanos y jesuítas y la mitad eran laicos japonses...


Se les fijaba a una cruz, por medio de unas argollas de fierro que les sujetaban los pies, las manos y el cuello, y luego izaban la cruz para que por su propio peso se asfixiaran...Felipe, sus amigos cristianos japoneses y los otros frailes seguían cantando y alabando a Dios desde la cruz, hasta que los japoneses los atravesaron con lanzas y murieron desangrados. El cadaver de Felipe llevaba las huellas de tres lanzas... 


Esta noticia llegó a México y fue una gran señal para todos los mexicanos, ya tenemos un nuevo "santo" en el cielo... un joven que entrega su vida para demostrar su amor a Jesús 


ESTÍMULO PARA defender NUESTRA FE hasta la muerte... el papa Pio IX declaró SANTO a Felipe, en 1862, por eso el es nuestro Primer Santo Mexicano, Mártir. FELIPE DE JESúS, por eso es patrono de la ciudad de México y de la Arquidiócesis de México.


En nuestros días, es muy complicado tratar de imitar o de siquiera imaginar cómo fue la historia de nuestro "Felipillo", más pillo que Felipe... Pero la realidad de la "generación de cristal" con la que hoy se identifican los jóvenes que nacieron después del 2015, nos acerca mucho a la mentalidad del joven apellidado "de las Casas"...


La gran fortuna de su padre, le hizo creer que podía ser feliz... Pero al no encontrar el amor en el dinero y el poder, quiso buscar y buscar... Al principio se obsesionó por su joven amiga. ...y la buscó en todos los antros, cantinas y posadas, después quiso recuperar su propia vida... y empezar de cero, tocó las puertas de un convento pero una tormenta en un mar desconocido, al otro lado del mundo, lo llevó a una situación en la que encontró el verdadero sentido de su vida... 


El y sus compañeros habían decidido dedicar su vida a predicar el Evangelio de Jesús, y en Japón eso era prohibido y perseguido hasta la pena de muerte. Y los pocos japoneses que habían aceptado que Jesús era su salvador, iban a ser ejecutados... Felipe quiso ser solidario y congruente... 


Y aceptó vivir la experiencia de morir cantando alegremente, llenando de esperanza real, al lado de aquellos sencillos cristianos... a punto de ser ejecutados 


Hoy vivimos un mundo en donde nadie aceptaría dar su vida por Cristo, y ese joven de 24 años, regresa hoy de cinco siglos atrás, para recordarnos que EL AMOR SI EXISTE, y que existe una esperanza en la solidaridad y en hacer lo que realmente deseamos...


Los cuerpos de 26 personas sujetadas con argollas de fierro a una cruz y atravesados por lanzas, quedaron en una colina como testimonio de la misma fé que nosotros decimos profesar... 


La vida para todos ellos pasó a una nueva dimensión, al encuentro definitivo con Jesús.