Cuando nos acercamos a un “Santo”, para “rezarle” o pedirle favores, en realidad estamos aprovechando sólo una mínima parte de lo que dicho santo nos da.

De hecho, los santos son una parte viva e integrante de nuestra Iglesia católica romana, aunque nos cueste reconocerlo y darnos cuenta, TODO EL TIEMPO vivimos totalmente unidos y en perfecta comunicación con todos y cada uno de los santos…

Decir que “cada quien SU santo”, es una frase o una idea muy discutible, que nos hace pensar que el hecho de creer es algo personal y que depende de nuestra propia conciencia y de nuestra propia libertad…, todavía más, pensamos que la solución de nuestro problema depende de nuestra voluntad de creer… lo cual induce a pensar que es un acto personal o privado, de “cada quien”.
Nada más erróneo, por una parte la fe es un don, es algo dado, recibido, un regalo que no depende de nosotros, creemos gracias a una primera experiencia
que es un hecho que no depende de nosotros

Por otra parte, al conectarnos espiritualmente a un santo, nos estamos uniendo a toda la Iglesia de todo el mundo y del cielo, no puede haber fuerza más poderosa que la unión con todos los creyentes de todo el mundo y a todos los santos del cielo.

viernes, 12 de agosto de 2011

SAN MARCELINO CHAMPAGNAT

¿QUIEN ES CHAMPAGNAT?

A Marcelino Champagnat, se le conoce como el “fundador de los Hermanos Maristas”, y a los “maristas” se les conoce como una congregación religiosa que tiene a su cargo algunas escuelas y colegios… pero si una persona no conoce a ningún hermano marista ni a ninguno de sus colegios, es lógico que esta definición se quede muy corta… por eso aquí va una breve síntesis de su vida y sus inquietudes.

Marcelino Champagnat fue un cura francés que de niño abandonó la escuela primaria al ver como el profesor golpeaba y se burlaba de uno de sus compañeritos… cuando fue joven quiso entrar al seminario pero le costó muchísimo trabajo aprender un buen francés y el latín por los métodos convencionales. Ya en el seminario él y algunos de sus amigos concibieron el proyecto de formar una congregación de sacerdotes, monjas y seglares dedicados a honrar María, ahí le nació el proyecto de crear una congregación de hermanos educadores. Una vez ordenado sacerdote fue asignado a una parroquia en un pueblito rural lleno de carencias, donde confirma la necesidad de formar una comunidad de “hermanitos” (petit freres) consagrados a María y cuya misión específica fuera dedicar su vida a los niños y jóvenes, enseñándoles a leer y escribir con métodos sencillos y proporcionándoles una instrucción cívica y cristiana elemental, en un ambiente familiar, como el formado por Jesús José y María en Nazareth.
Marcelino se dio a la tarea de reunir jóvenes y prepararlos como instructores, que enseñaran a leer y escribir con un método fácil y un sencillísimo modelo de escuela, los enviaba a establecerse en un lugar, instalando una escuela, de dos en dos o tres en tres a las comunidades rurales. Muy pronto proliferaron decenas de escuelas rurales de este tipo: ese era el mejor medio para subsanar la falta de amor en los hogares y erradicar así el alcoholismo, la violencia y los vicios entre los jóvenes.
El cura Champagnat tuvo grandes dificultades: por la envidia que suscitó entre la misma diócesis, por los problemas para el reconocimiento de estudios y sus métodos de aprendizaje por parte de las autoridades escolares, por las carencias económicas y por su afán de apoyar a la Sociedad de María que habían fundado sus compañeros de seminario. Construyó una casa general para su naciente congregación: El Hermitage. Siempre en sus dificultades pidió y recibió el auxilio de María. Murió, el 6 de junio de 1840. Se habían fundado 53 establecimientos escolares, de las cuales se habían cerrado 5. 180 Hermanos daban educación a 7 000 alumnos aproximadamente.

Nació el 20 de mayo de 1789 en un pueblito llamado Le Rosey, en el ayuntamiento de Marhles en Francia, es decir nace el mismo año en que se proclaman los “estados generales” y se inicia la Revolución Francesa.

Su familia:
Su papá se llamó Juan Bautista, era un funcionario público y representante del pueblo, que tuvo que capotear la situación con el gobierno revolucionario jacobino, era una persona instruida, defensor de las causas populares, fue delegado municipal y juez de paz. Su mamá Teresa vendía telas y encajes, atendía a la granja y al hogar, con ellos vivía la tía Luisa que había estado en el convento pero que había tenido que regresar a casa, porque habían cerrado el convento. En 1792 se prohíben en Francia las congregaciones religiosas.

Más o menos a los 10 años, Marcelino va por primera vez a la escuela, pero al ver como el profesor le da una bofetada a un alumno y lo ridiculiza, Marcelino se retira de la escuela y dice que jamás volverá. Desde entonces se dedica a seguir a su padre, y se desarrolla con éxito en las tareas manuales, el pastoreo y la granja, se hace pastor, constructor y comerciante. Su padre muere cuando tiene 15 años.

Un cura invita a Marcelino a entrar al seminario… “tienes que estudiar y hacerte sacerdote”, ”Dios lo quiere”.. y con esas palabras en mente el joven Marcelino se somete a un año de prueba en su casa, al final del año, Champagnat no sólo se había preparado emocionalmente y espiritualmente, sino que había juntado dinero suficiente, vendiendo ovejas, para poder pagar su aportación económica al seminario sin afectar la economía de su hogar.
Además trató de aprender a leer y escribir el francés culto y el latín en la escuela de su cuñado, sin tener resultados satisfactorios.
En 1805 entra al seminario de Verrières, él tiene prácticamente 17 años y no sabe leer ni escribir con fluidez, y lo ponen a estudiar con jovencitos de 12 años que dominan la gramática elemental. Tiene que sobreponerse a las burlas y regaños y estudia a marchas forzadas por las noches para lograr nivelarse.

En esta etapa de su vida es compañero de Juan María Vianney, que hoy conocemos como el Cura de Ars que también es santo. Su mamá muere cuando Marcelino tenía 20 años.

En 1813, Marcelino ingresa al seminario mayor en Lyon. Durante esta etapa de su vida además de sus estudios, de alcanzar una maduración humana y espiritual y de reforzar su formación académica, tiene la fortuna de encontrarse con un grupo de seminaristas entusiasmados por formar una gran congregación de sacerdotes, hermanos legos, monjas y tercera orden en honor a la Virgen: la Sociedad de María. Los promotores son los seminaristas Juan Claudio Courveille y Juan Claudio Colin, viejo compañero del seminario menor.

Sin embargo, el sueño de Marcelino es un tanto cuanto especial, para él es prioritario formar cuanto antes una congregación de hermanos dedicados a la enseñanza. Él insiste en incluir esto dentro de los planes de la formación de la Sociedad de María, pero no encuentra mucho eco, sin embargo sus amigos acceden, pero se lo encargan a él: “encárguese Usted de los hermanos, ya que es suya la idea”…

El día 22 de julio de 1816, Marcelino es ordenado de sacerdote junto con muchos de sus compañeros Doce de los cuales, suben en peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Fourvière para colocarse bajo la protección de María, ahí Courveille lee un texto de consagración de la sociedad de María

Ya como sacerdote se le asigna como coadjutor de “La Valla”, un pueblito enclavado en un bello paisaje de una zona montañosa del Pilat. La parroquia lamentablemente está abandonada. Para abordar su renovación, se traza una regla de vida personal. Concede importancia a la vida de oración, al estudio diario de la teología y a la preocupación pastoral: "Procuraré, especialmente, practicar la mansedumbre y, para llevar más fácilmente las almas a Dios, trataré con suma bondad a todo el mundo".

El cambio sólo es posible a partir del estudio de la realidad parroquial. No tarda en hacerlo. El abandono en que se encuentran los niños acentúa su cuidado por ellos a través de la catequesis, la educación y la instrucción. Su trato afectuoso prefiere la recompensa y el estímulo antes que el castigo, Atiende a los adultos mediante las homilías y los sacramentos. No obstante, sus privilegiados son los enfermos y los pobres.

Un joven, Juan María Granjon, traba amistad con Marcelino y le acompaña en muchas de sus visitas a los enfermos. Será el primer hermanito de María.

Un hecho ocurrido el día 28 de octubre de 1816 lo obliga a decidirse. Marcelino atiende a un joven de 17 años llamado Juan Bautista Montagne, enfermo de muerte, Le impresiona intensamente su carencia del sentido de la vida. Se da cuenta de su ignorancia de los misterios de la fe. Horas después, el muchacho muere. No puede cruzarse de brazos. Aquel mismo día comunica a Juan María Granjon sus proyectos. Es urgente llevar a cabo su misión. La propuesta de Marcelino sobre la necesidad de hermanos adquiere caracteres dramáticos. Cinco días después se le acerca un joven, Juan Audras, para exponerle sus inquietudes vocacionales. Marcelino le propone empezar a vivir con Granjon. El día 2 de enero de 1817, Juan María Granjon, de 23 años, y Juan Bautista Audras, de 14, ocupan la casita que Marcelino ha alquilado en La Valla. Combinan oración, trabajo y estudio. Por lo pronto se dedican a fabricar clavos para sufragar su mantenimiento.

Marcelino les da lecciones de lectura y escritura y se da a la tarea de formarlos como religiosos educadores. Nuevos jóvenes se suman al proyecto, entre ellos Gabriel Rivat. Asi empezó la gran familia marista. Después de preparar adecuadamente a los primeros hermanos, funda una escuela en Marlhes. El hermano Luis es su primer director.

Detrás de unas técnicas elementales, se alimenta todo un estilo educativo diseñado por Marcelino: compartir la vida de los jóvenes, amarlos y conducirlos a Jesús bajo la protección maternal de María. Las fundaciones se suceden de forma paulatina y constante. Son escuelas mínimas y su enseñanza es elemental, pero el ambiente que se respira es diferente, es una familia al estilo de Nazareth

¿Qué nos dice Marcelino hoy en el siglo XXI?

Marcelino es un ejemplo y guía para los PADRES DE FAMILIA.- para poder educar a un niño es necesario amarlo primero… el ambiente educativo debe ser idéntico al ambiente de Nazareth…disciplina y orden con amor y respeto.

Marcelino es un ejemplo y guía para los SACERDOTES.- Por su plena conciencia de la presencia de Dios en todo momento y la confianza absoluta en la obra del Señor. “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles”. Crea un programa personal de vida de acción y oración, estudio constante de las condiciones reales de la parroquia, vida sacramental, disciplina personal y aceptación sin condiciones a las autoridades eclesiásticas, atención especial a los pobres.

Marcelino es un guia para los PROFESORES.- Experimenta la necesidad de educar la fe a través de la cultura: nuestra meta es muy superior: queremos educarlos, es decir, darles a conocer sus deberes, enseñarles a cumplirlos, infundirles espíritu, sentimientos y hábitos religiosos, y hacerles adquirir las virtudes de un buen cristiano. “No lo podemos conseguir sin ser pedagogos, sin vivir con los niños, sin que ellos están mucho tiempo con nosotros". Su aportación pedagógica y educativa se cifra en la visión religiosa de la vida y de las personas, en un profundo sentido común, en la capacidad práctica para afrontar las diversas situaciones que se plantean, en la “pedagogía de la presencia” como la mejor forma de prevención

Marcelino es un ejemplo para los ESTUDIANTES, su historia personal es ejemplo de tenacidad, su principal obstáculo, cuando joven eran los estudios. No solo pudo salir adelante, sino que buscó la forma de que los estudios no fueran un obstáculo para los demás niños con dificultades.

Marcelino es un ejemplo para RELIGIOSOS RELIGIOSAS Y LAICOS COMPROMETIDOS.- las virtudes que él recomendaba: humildad, sencillez y modestia, tres lugares preferidos, el Pesebre, La cruz y el Altar, se está muy bien en los sagrados corazones de Jesús y María…y en contexto: el espíritu de familia que brota de encontrar en los hermanos la presencia de Dios.

Un ejemplo para todos los HOMBRES DE BUENA FE QUE LUCHAN POR GRANDES IDEALES. El estaba convencido de no ser sino un instrumento en las manos de Dios, Todas sus acciones las hacía pensando que era Dios el que actuaba y que él sólo era un medio para que las cosas resultaran, esa convicción era fruto de vivir continuamente buscando la voluntad de Dios, si algún proyecto no se lograba, con toda tranquilidad decía “yo ya hice mi parte, lo demás será Dios el que lo terminará”.

El amor a Nuestra Buena Madre, era el común denominador de toda su vida. No había acción que iniciara sin invocarla y tenerla presente. Como homenaje en su dia, conozcámoslo, imitémoslo y digamos con él: TODO A JESUS POR MARIA, TODO A MARIA PARA JESUS.

se le celebra  el 6 DE JUNIO
fue canonizado por el papa Juan Pablo II el 18 de abril de 1999