Cuando nos acercamos a un “Santo”, para “rezarle” o pedirle favores, en realidad estamos aprovechando sólo una mínima parte de lo que dicho santo nos da. De hecho, los santos son una parte viva e integrante de nuestra Iglesia católica romana, aunque nos cueste reconocerlo y darnos cuenta, TODO EL TIEMPO vivimos totalmente unidos y podemos estar en perfecta comunicación con todos y cada uno de los santos… En realidad, Cristo es el verdadero y único SANTO, porque es a través de él que podemos tener comunicación con Dios.
Jesús, al compartir nuestra humanidad, nos abre el caminito, nos acerca a la santidad de Dios, para que nosotros podamos llamarlo "papi" "papacito", y nos lo mostró con su vida y su predicación, y también en el momento de su muerte pero sobre todo nos lo demostró por medio de su resurrección. Al pasar del "sheol" o lugar de los muertos a la vida nueva, nos demuestra que la muerte no puede acabar con nosotros.
Decir que “cada quien SU santo”, es una frase torpe y que nos puede llevar al error, es una idea que nos hace pensar que el hecho de creer es algo personal, que brota de nosotros y que depende de nuestra propia conciencia y de nuestra propia libertad…, todavía más, pensamos que la solución de nuestro problema depende de nuestra voluntad de creer… o de la forma de "sentir" como que si los milagros se pudieran manipular con nuestra mente...
lo cual induce a pensar que es un acto personal o privado, de “cada quien”. y que a base de palabras mágicas, veladoras y promesas, vamos a "forzar" a la divinidad a hacer nuestro capricho.
Nada más erróneo, por una parte la FE es un don, es algo dado POR Dios y recibido por nosotros, un regalo, de nosotros recibirlo o no. Si no estamos atentos, o no lo deseamos, ese don se perderá en la nada,,, La gente que no cree, no es porque no quiera creer, sino porque no ha tenido la oportunidad de experimentar ese maravilloso don, Y Dios sabe cuando y de qué manera se hará presente en su vida.
Por otra parte, al conectarnos espiritualmente a un santo, nos estamos uniendo a toda la Iglesia de todo el mundo y del cielo, no puede haber fuerza más poderosa que la unión con todos los creyentes de todo el mundo y a todos los santos del cielo. Todos y cada uno de los santos, vivieron su vida en pleno compromiso de escucha a la voluntad de Dios. Ningún santo trató de hacer milagros o actos de magia por si mismo o para fanfarronear... por el contrario, con gran humildad todos los santos supieron reconocer que todo depende de la voluntad de Dios. Un gran santo decía: "bueno, yo ya hice lo que tenía que hacer, lo demás se lo dejo a Dios. para que El lo haga..." creer en un santo es precisamente asumir esta misma situación humilde: hacer todo lo que está a nuestro alcance es parte de nuestra responsabilidad, y dejar que Dios actúe a través de nuestra historia... Al unirnos a un santo nos unimos a Cristo para poder llegar a Dios, y de esta manera nos unimos todos y cada uno de todititititos los creyentes. Creer en el mismo Dios, nos une y nos da fuerza, nos hace hermanos unos de otros, y parte de una gran comunidad, es inaceptable decir que cada quien...
Es la Iglesia la que nos propone a los santos como modelo particular, como prototipos que podemos imitar, ya que todos ellos dieron testimonio durante su vida mortal de su fe en Dios y su plena adhesión a la Iglesia.
Dios actúa en el mundo por medio del Espíritu Santo, y el Espíritu Santo es el que da vida a la Iglesia, es en la Iglesia donde encontramos a los Santos, y me refiero a la Iglesia viva que somos todos nosotros, no al templo, en donde sólo encontramos imágenes de los santitos hechas de yeso, pasta, pintura o tinta.
Creer en un santo o en un milagro significa mucho más que cerrar los ojos y desear intensamente que algo superior a nuestras posibilidades suceda como por arte de magia. Dios no es un mago, ni una tienda o un banco de caprichos, los santos tampoco son agencias de peticiones de cosas imposibles.
La Iglesia reconoce o acepta que ciertos hechos inexplicables pueden ser atribuibles a una acción específica de Dios.
CREER significa actuar con la certeza de que lo que hacemos es algo POSIBLE y positivo o benéfico. Por ejemplo: para poder tomar leche, busco que esté “pasterizada”, o la hiervo. En realidad estoy “creyendo en Luis Pasteur” quizá no sé bien la historia de este gran investigador francés, pero conozco la realidad, y sé que si no hiervo la leche no pasterizada, puedo contraer una enfermedad… quizá nunca en mi vida voy a conocer un bacilo o a una bacteria, y seguramente nunca me voy a enfermar por esa causa, pero yo “creo”, y por lo tanto “actúo”… no es mi deseo o mi voluntad personal para no enfermarme, ni mi imaginación la que me salva de la enfermedad, sino el acto de hervir la leche, es decir aplicar el conocimiento preciso de la forma como atacan los microorganismos, y cómo se destruyen.
En eso consiste la fe, en actuar en consecuencia de lo que sabemos. Todos los santos al pasar por esta vida nos dejaron un testimonio muy preciso y muy claro de la forma de hacer las cosas, fueron personas de carne y hueso, por supuesto con una convicción muy grande y muy fuerte, de acuerdo a las costumbres y la mentalidad de su tiempo… pero, lo importante es la respuesta que dieron a su propia fe, es decir, la forma como ellos respondieron, las acciones que realizaron en vida, la actitud que tomaron ante la vida y los problemas y finalmente su gran capacidad para vivir el amor a través del Evangelio.
Cuando a nosotros, en pleno siglo XXI nos sugieren que un “santo” puede ayudarnos a resolver un problema, sin considerar que él sólo es un mediador, podemos estar en el riesgo de estar cayendo en la magia y la superstición. Los santos han sido utilizados para la magia, existen de hecho brujos y brujas “santeros”, que desvinculan el sentido cristiano de la oración, de hecho la misma biblia, y toda la tradición de la Iglesia, prohíbe expresamente la “adoración” a los santos o a cualquier imagen.
Adorar es atribuir las cualidades de Dios a cualquier persona, ser u objeto. Por ejemplo los antiguos adoraban al Sol como fuente de la vida… y efectivamente, quién nos puede rebatir que sin el sol no podríamos sobrevivir, es decir, el Sol da la vida… pero de eso a considerar que el sol es Dios, que el fuego es dios o que el viento es dios, existe mucha diferencia.
Lo mismo ocurre con las imágenes de los santos, no debemos confundir a una inocente imagen de barro o una litografía, con la personalidad viva del santo que representa… cuando nosotros conocemos la VIDA de alguien, podemos identificar su personalidad, sus grandes fortalezas y sus debilidades, y podemos entrar en un proceso para conocerlo más a fondo, entenderlo, amarlo e identificarnos con su proyecto de vida, por ejemplo, si se trata de un científico, un héroe, un político, un artista o un líder… (pensemos en John Lenon, en Teresa de Calcuta, en Gahndi, en Bill Gates, Emiliano Zapata, o el Che ), en la medida que lo conocemos más, más nos cautiva y nos interesa, tener su imagen nos lo recuerda y hasta nos llena de gusto, pero está muy lejos de la imagen sea inteligente, atractiva, mágica o misericordiosa… por eso, nuestras mismas biblias católica, protestante y hebrea, nos prohíben hacer imágenes de ninguna criatura que esté en el cielo, en la tierra o en lo profundo del mar, dice el texto “no sea que acabes adorándolas”.
Los judíos que durante siglos se desarrollaron en la esclavitud de Egipto, eran muy propensos a hacer imágenes y a adorarlas, la prueba más conocida para nosotros fue el becerro de oro que los judíos fabricaron y adoraron mientras Moisés subía al Sinaí para recibir las tablas de la ley… pero es que los egipcios adoraban hasta a su propia camiseta: tenían dios de la cebolla, del rio, de la juventud, del amor, de la belleza etc., y ahí, en ese ambiente de magia y superstición se desarrolló el pueblo de Israel en sus orígenes.
Pero no solo los egipcios, y los judíos han sido propensos a adorar imágenes, durante todo el curso de la historia, el espíritu creativo de nuestros artistas y artesanos han reproducido la belleza en todas sus formas y así han perdurado en la historia, tenemos esculturas e imágenes memorables desde los griegos hasta de los aztecas… e inclusive, en el renacimiento, han logrado que estas imágenes fueran llevadas a los altares. Fue sobre todo durante la época de Miguel Angel, Rafael, Da Vinci, etc cuando la Iglesia aceptó que las pinturas de los artistas fueran colocadas en los templos… antes, durante más de mil años, las imágenes cristianas religiosas eran llamadas iconos, y eran muy simples, casi casi esquemáticas, muchas veces llevaban letreros y casi nunca tenían un expresión en el rostro.
Poco a poco, los fabricantes de imágenes se olvidaron de su objetivo era promover o inducir la devoción y empezaron por demostrar las cualidades o recordarnos las anécdotas de los santos, aprovechando temas bíblicos, leyendas, buscaron la perfección en la forma, la composición de la imagen y en la manera como esas imágenes impresionan al espectador, no están hechas para pensar en el mensaje evangélico de salvación, sino para admirar al artista que lo pintó.
El pintor, el músico, el poeta o el escritor, actúan siempre de la misma manera, su objetivo es trasmitir sentimientos, es decir, hacer que los espectadores puedan vibrar con el sentimiento que ellos viven intensamente. Pero recordemos que la fe no es un sentimiento, sino una actitud de frente a la vida.
Las novelas de la televisión tienen ese mismo sentido: promover el sentimiento de todos nosotros: cada uno de nosotros nos vemos reflejados en los personajes de las series y novelas: el chico que se enamora sin tener dinero, la joven mujer de la que abusa el marido, la vieja cascarrabias que se asemeja a nuestra suegra, o la madre abnegada que espera el retorno de su hijo etc., nos llevan a la identificación con nuestra vida diaria, por eso cuando ellos lloran, nosotros lloramos, cuando se enojan, nos enojamos y cuando mueren nos sentimos morir… pero, al apagar la tele o al iniciar la próxima novela, nuestra vida sigue igual… porque rara vez hay un trasfondo intelectual válido, que nos motive para un cambio radical. Muchos esfuerzos se hacen el día de hoy, no solo a nivel de “comerciales”, sino en el mismo contenido de las series para trasmitir “actitudes populares” (como son el asistir a los servicios médicos, el denunciar los delitos ante las autoridades, el ejercer el voto libremente etc.). pero todavía falta mucho por hacer.
La perspectiva de un milagro toca nuestros sentimientos más profundos, porque en nuestra parte infantil, siempre anhelamos que los problemas se resuelvan como por arte de magia. Para un niño pequeño, carente de conocimientos científicos, todas las cosas ocurren como un milagro: desde el cambio de pañal, el suave arrullo antes de dormir, la tetera llena de leche calientita, acontecen de manera mágica… más tarde, aprendemos a llorar para que estas cosas sucedan, entonces, nuestros gemidos y berrinches se convierten en la varita mágica que permiten resolver nuestro problema… cuando somos más grandecitos, aprendemos que las cosas suceden porque nosotros las hacemos, pero en la medida que avanzamos en el conocimiento del mundo real, descubrimos que hay cosas que no podemos modificar por nuestra sola voluntad… entonces comenzamos a buscar a un ser superior a quien nuestros gemidos puedan conmover… en la infancia buscamos a nuestros padres, después a los maestros, luego a nuestros amigos, y cuando somos adultos, buscamos a un profesionista, a un especialista o a una institución que nos resuelva los problemas. En casos específicos buscamos a un doctor, o a un político, o a un millonario que nos ayuden… y finalmente cuando todo sale de nuestro control, acudimos a esa imagen de Dios, totalmente infantil, que nos hace regresar a la parte más profunda de nuestra mentalidad infantil, y por eso buscamos el milagro.
Y también esto ocurre con los científicos, ellos nos explican la mayoría de los fenómenos y todo lo que ocurre, en el campo físico, químico, biológico, social etc., pero cuando se agotan las explicaciones, entonces acuden también a la palabra “milagro” o nos inducen a que así lo consideremos.
Los hechos y fenómenos científicos, para poder ser comprobables deben poderse repetir a voluntad, cuantas veces se requiera, sea por la vía física o por el razonamiento… por el contrario los hechos milagrosos, son imposibles de ser repetidos, por lo general ocurren bajo la coincidencia fortuita de diversos factores que es casi imposible volver a conjuntar. Ahí es donde nuestra FE comienza a descubrir que una inteligencia o una voluntad muy superior, es la que promueve la coincidencia perfecta de los hechos que a nosotros nos parecen naturales o accidentales.
Por eso el hecho de creer depende de nuestra libertad. La vida histórica de los santos y de lo que aportaron para esta gran institución que formamos los bautizados, o sea la Iglesia, es algo objetivo, concreto y real. La fe de ellos ya no es algo personal, sino un acontecimiento que nos comparten. Algo que ha sucedido ante una comunidad. Existen datos, hechos verificables, elementos históricos que están a nuestro alcance para que nosotros podamos modificar nuestros propios criterios de frente a la vida, esta es la gran riqueza que nos comparten los santos.
La historia de los santos, como la historia de un país o la historia de cualquier institución, representa la parte medular de un proyecto que nos permite tomar una posición crítica y fundamentada frente a dicha institución, y por lo mismo, lo que nos hace sentirnos verdaderamente identificados o no con su estilo de Vida.
Me encanta proponer el ejemplo del Futbol… cuando se enfrentan dos poderosas escuadras, los analistas nos ofrecen cifras, estadísticas, datos concretos, históricos, y podemos confiar en un resultado probabilístico… mi fe en un equipo puede ser muy grande, y lo que pase en la cancha es totalmente aleatorio: el viento, la lluvia, el sol … influyen, pero mi “FE” está en un equipo al cual previamente CONOZCO. Además en un equipo de futbol, el jugador estrella no es el que gana el partido… en realidad, sin portero y sin mediocampistas no habría goles ni triunfo, de manera similar, sin esa relación directa e inmediata con todos los santos, no existiríamos como iglesia.
Si ponemos los pies en la tierra y empezamos por analizar históricamente el por qué fue posible nuestro bautismo (es decir nuestro ingreso a la vida de nuestra Iglesia), tenemos que reconocer que hubo muchísima gente antes que nosotros, preocupada por que se dieran las condiciones para que pudiéramos crecer y educarnos dentro de la FE católica que decimos profesar.
En nuestro caso, tenemos la tradición de que algunos de los apóstoles (Santiago) llegaron a predicar a España… y allá se formaron comunidades cristianas desde el primer siglo. La integración del pueblo español como una nación, se forjó en la lucha contra la invasión de los árabes… y cuál era la principal causa de esa lucha? Era a defensa de la fe. La fe no solo significaba aceptar una verdad, sino asumir una guerra armada para expulsar de la patria a los enemigos, que a su vez imponían una cultura diferente. Y en ese pleito, moros y cristianos intercambiaron una enorme riqueza cultural por 400 años. Cuando recién terminaba esta lucha, fueron los reyes llamados “católicos”, los que financiaron el viaje de Colón. Y gracias a ello, América pudo conocer el mensaje de de Jesús. Fueron los misioneros españoles, fundamentalmente franciscanos, pero también agustinos, dominicos, mercedarios y jesuitas, los que se encargaron de importarnos la cultura de los Santos.
En cada región donde se formaba un nuevo pueblo, se le dedicaba a un santo, normalmente combinaban el nombre del santo con el nombre original en lengua indígena. Y así se formó nuestra patria. En cada pueblo se fincó un templo con el nombre de un santo y en torno de él se formó la traza de la ciudad, hace cuatrocientos cincuenta años… por eso los nombres de casi todas nuestras ciudades, poblaciones, colonias y barrios en general llevan los nombres de los santos: San Francisco, San Diego, Santo Santiago, San Juan, San Pedro… Cada ciudad, cada barrio y cada templo está consagrada y está dedicada a un Santo. La reforma, la persecución católica y los gobiernos anticlericales, pretendieron absurdamente destruir esta hermosa tradición, y nos encontramos ahora con la fuerza de la historia, como un ejemplo la ciudad de Querétaro … y es en realidad fue fundada como “ Santiago de Querétaro”, reconocida en la unión internacional de ciudades Santiaguinas, como Santiago de Chile, Santiago de Cuba, Santiago de Compostela y muchas otras, 97 ciudades y 3,165 comunidades en todo el mundo.
Dentro de los templos también se promovió la cultura de los santos, y emulando a las diversas deidades indígenas se hizo la trasposición para los santos “encargados” de las cosechas, de la salud, del buen clima etc.… Los primeros misioneros hicieron su labor apoyados en todos los medios que tenían a su alcance, y desarrollaron los medios audiovisuales que podían, cantos, juegos, fiestas y los retablos fueron una moda que se propagó intensamente, en el retablo se encuentran a los santos en acción. Después vino la respuesta popular, y empezaron a popularizase los exvotos (dibujos que las personas hacían para sus santos, pidiéndoles favores y relatando el favor recibido).
Las tradiciones populares arrancan precisamente de ese espíritu de Fe y catequesis, la fiesta del santo, o la fiesta patronal es la fiesta del pueblo, y en esa fiesta se lleva a cabo la consagración a Dios de todo lo que le pertenece al pueblo: personas, animales, flores, frutos… Las grandes fiestas Patronales son celebraciones que implican la participación real y efectiva de todos en el pueblo: se nombra a los “mayordomos” y a los “capitanes” que organizan, se convoca a los naturales que vengan a bailar, se comparten alimentos y bailes, en torno de la Misa como acto principal. Cohetes, castillos de fuegos artificiales, etc., son parte de esa identidad local asociada al santo.
Al igual que en lo que hoy sucede en muchas partes del mundo, en que hombres y mujeres son privados de la libertad o de la vida por el simple hecho de ser católicos… muchos otros hombres entregaron su vida para que el mensaje de Jesucristo llegara a nuestros oídos, a nuestra comunidad, a nuestra país y a nuestra familia hoy, en nuestros días.
Muchos lo hicieron sometidos a violencia, como es el caso de los mártires, que derramaron su sangre por la causa de Jesús… de ellos evidentemente tenemos la certeza de que gozan ya de la plenitud de la presencia de Dios. Sin embargo muchos más, no fueron torturados ni asesinados, sino que su vida misma fue una continua entrega a la causa de la Fe. Es el caso de sacerdotes, misioneros y frailes, también hay cientos de personas laicas, es decir, comunes y corrientes, cuya vida fue un ejemplo de la manera de vivir su fe, y que por ello han llegado a ser considerados como Santos por la Iglesia.
Ciertamente, el proceso para que la Iglesia reconozca de manera oficial que una persona pueda ser venerada como santo, exige la presentación de “milagros”, es decir, hechos verdaderos y confirmados, cuya realización sólo haya podido haber ocurrido por la mano de Dios y sin un explicación científica razonable.
Cuando muere una persona cuyas virtudes y estilo de vida está por encima de lo común, un grupo de sus amigos y conocidos, promueve ante el Obispo, que se inicie el proceso para comprobar si es santo… Después de muchos testimonios y averiguaciones, se procede a considerarlo “Siervo de Dios”, esto, por supuesto con la anuencia de las autoridades Roma(el comité se llama “congregación de la causa de los santos”). Después de presentarse varios “milagros”, se le nombra “Beato” y se procede a iniciar un estudio más profundo, en el cual se demuestre que esta persona durante su vida verdaderamente actuó dentro de la fe, se revisa todo lo que escribió, lo que escribieron de ella, se estudian testimonios de las personas que lo conocieron, y se pide de nuevo otros “milagros” y se sigue un procedimiento hasta que se le nombra “Santo”. A los “siervos de Dios” sí se les puede pedir favores, pero no se les puede venerar, es decir no se pueden proponer como ejemplos, porque en muchas ocasiones, al hacer las investigaciones se descubre que no siempre actuaron como un buen cristiano… a los “beatos”, por supuesto que se les puede pedir favores, y se les puede mencionar en las oraciones, por eso, se les puede rendir un culto restringido, sólo en iglesias locales ( no se les puede dedicar un templo, ni hay una fiesta para celebrarlo) , al “santo” sí se les puede dedicar un templo, se les asigna una fiesta para celebrar su día, y pueden ponerle su nombre a los niños cuando se bautizan, pueden ser venerados en toda la Iglesia.
Es quizá por esto que nos hemos acostumbrado a recurrir a los santos “para pedirles favores”, porque sabemos que ha habido hechos comprobables en los que los científicos admiten que han ocurrido situaciones inexplicables, y nosotros deseamos que nuestros problemas se resuelvan así. Pero esto, insisto una y otra vez, no es la parte esencial de los santos, lo más importante, fue la forma particular como ellos afrontaron la Vida. Quizá a nosotros un Santo nunca nos conceda un milagro y mucho menos lo hemos de llevar a discutir frente a un científico, pero, sí podemos imitar su forma de actuar, y su confianza en Dios.
Creer en un santo o en un milagro significa mucho más que cerrar los ojos y desear intensamente que algo superior a nuestras posibilidades suceda como por arte de magia. Dios no es un mago, ni una tienda o un banco de caprichos, los santos tampoco son agencias de peticiones de cosas imposibles. La Iglesia reconoce o acepta que ciertos hechos inexplicables pueden ser atribuibles a una acción específica de Dios
Cuando nos acercamos a un “Santo”, para “rezarle” o pedirle favores, en realidad estamos aprovechando sólo una mínima parte de lo que dicho santo nos da.
De hecho, los santos son una parte viva e integrante de nuestra Iglesia católica romana, aunque nos cueste reconocerlo y darnos cuenta, TODO EL TIEMPO vivimos totalmente unidos y en perfecta comunicación con todos y cada uno de los santos…
Decir que “cada quien SU santo”, es una frase o una idea muy discutible, que nos hace pensar que el hecho de creer es algo personal y que depende de nuestra propia conciencia y de nuestra propia libertad…, todavía más, pensamos que la solución de nuestro problema depende de nuestra voluntad de creer… lo cual induce a pensar que es un acto personal o privado, de “cada quien”.
Nada más erróneo, por una parte la fe es un don, es algo dado, recibido, un regalo que no depende de nosotros, creemos gracias a una primera experiencia
que es un hecho que no depende de nosotros
Por otra parte, al conectarnos espiritualmente a un santo, nos estamos uniendo a toda la Iglesia de todo el mundo y del cielo, no puede haber fuerza más poderosa que la unión con todos los creyentes de todo el mundo y a todos los santos del cielo.
De hecho, los santos son una parte viva e integrante de nuestra Iglesia católica romana, aunque nos cueste reconocerlo y darnos cuenta, TODO EL TIEMPO vivimos totalmente unidos y en perfecta comunicación con todos y cada uno de los santos…
Decir que “cada quien SU santo”, es una frase o una idea muy discutible, que nos hace pensar que el hecho de creer es algo personal y que depende de nuestra propia conciencia y de nuestra propia libertad…, todavía más, pensamos que la solución de nuestro problema depende de nuestra voluntad de creer… lo cual induce a pensar que es un acto personal o privado, de “cada quien”.
Nada más erróneo, por una parte la fe es un don, es algo dado, recibido, un regalo que no depende de nosotros, creemos gracias a una primera experiencia
que es un hecho que no depende de nosotros
Por otra parte, al conectarnos espiritualmente a un santo, nos estamos uniendo a toda la Iglesia de todo el mundo y del cielo, no puede haber fuerza más poderosa que la unión con todos los creyentes de todo el mundo y a todos los santos del cielo.